Rosalind Franklin: La arquitecta olvidada que mostró las bases de la vida

Rosalind Franklin: La arquitecta olvidada que mostró las bases de la vida

Mucho más que una "colaboradora", fue una de las científicas que construyó los cimientos de la genética moderna, al haber fotografiado la molécula de ADN y cuya contribución hoy se reconoce tras décadas de injusto olvido.


 

Las bases científicas

Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) no fue solo una "asistente" en la carrera por el ADN; fue la científica cuya precisión técnica permitió ver lo invisible. Nacida en una familia judía acomodada en Londres, mostró desde muy joven una aptitud excepcional para las ciencias. Tras doctorarse en Físicoquímica en Cambridge en 1945, se trasladó a París, donde se convirtió en una experta mundial en cristalografía de rayos X.

 

Trabajos previos: El dominio del carbono y la técnica

Antes de enfrentarse al ADN, Franklin realizó investigaciones cruciales sobre la estructura porosa del carbón y el grafito. Sus estudios permitieron,e ntre otras cosas, fabricar máscaras de gas más eficaces durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante su estadía en Francia, aprendió a "fotografiar" átomos. Fue esta maestría la que le permitió, años después, obtener imágenes de una nitidez sin precedentes en el King’s College de Londres

 

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El eslabón perdido: la Fotografía 51

En 1951, Franklin comenzó a trabajar con fibras de ADN. Su enfoque meticuloso la llevó a descubrir que el ADN podía existir en dos formas: la "A" (seca) y la "B" (húmeda).

En mayo de 1952, junto a su estudiante Raymond Gosling, capturó la que luego pasaría a la historia como la “Fotografía 51”, una imagen de difracción de rayos X de la forma "B" que mostraba claramente una estructura en forma de "X", el sello distintivo de una hélice.

Días después, sin su permiso ni conocimiento, uno de sus colegas, el biofísico británico Maurice Wilkins, mostró esta imagen a James Watson. El mismo Watson confesó, muchos años después que, al verla, "se le quedó la boca abierta y el pulso se le aceleró". Esa foto era precisamente la pieza que les faltaba a Watson y Crick para finalizar su modelo de la doble hélice en el que habían estado trabajando.

 

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El olvido y la "Dama Oscura"

Cuando James Watson y Francis Crick publicaron su descubrimiento en la revista Nature en 1953, el artículo de Rosalind Franklin apareció como un simple complemento, dando la impresión de que sus datos solo confirmaban lo que ellos ya habían ideado. En 1962, Watson, Crick y Wilkins recibieron el Premio Nobel de Medicina por su descubrimiento, que mostró a la ciencia una nueva visión de lo que son los bloques primordiales de la vida. 

Tristemente, en su libro publicado en 1968 ‘La doble hélice’, Watson la retrató de forma misógina como "Rosy", una mujer difícil y poco femenina, y sin hacer mención alguna al hecho de que habían usado sus datos sin autorización.

 

Un Nobel esquivo 

Rosalind Franklin murió el 16 de abril de 1958 a sus 37 años, a causa de un cáncer de ovarios, posiblemente debido a su prolongada exposición a los rayos X. No pudo ser incluida en el galardón que obtuvieron sus colegas cuatro años después, ya que el premio no se otorga de forma póstuma.

 

Legado reivindicado

La historia comenzó a hacer justicia a finales del siglo XX. Algunas obras biográficas, como las de Anne Sayre (1975) y Brenda Maddox (2002) rescataron su verdadera importancia. Hoy es reconocida como una científica de una "claridad y perfección extrema". Su nombre ya no es una nota al pie, sino el de una heroína que, en sus propias palabras, solo buscaba "mejorar la suerte de la humanidad".

 

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Con información e imágenes de:

Rosalind Franklin Institute

King's College London

Genotipia