Jackson Pollock: "...que las personas vean a la pintura por lo que es, pintura pura"

Jackson Pollock: "...que las personas vean a la pintura por lo que es, pintura pura"

El gran rebelde del expresionismo abstracto convirtió el caos en pintura y llevó el arte a a un territorio desconocido con sus célebres goteos y salpicaduras. Pero detrás del mito del genio había un hombre atormentado por el alcohol, la depresión, el aislamiento y una vida personal cada vez más desordenada.


 

Un muchacho rebelde que encontró su camino en Nueva York

Paul Jensen Jackson Pollock nació el 28 de enero de 1912 en Cody, Wyoming, como el menor de cinco hermanos de una familia de agricultores con recursos limitados. Su madre, Stella May McClure, alentó las inclinaciones artísticas de sus hijos y tres de ellos terminarían dedicándose al arte. Jackson pasó su infancia entre Wyoming, Arizona y California, un paisaje del Oeste estadounidense que dejaría una huella profunda en su imaginario.

Su carácter ya mostraba desde temprano una fuerte tendencia a la rebeldía y el aislamiento. Fue expulsado de la Manual Arts High School de Los Ángeles y, en 1930, se trasladó a Nueva York, donde ingresó en la Art Students League. Allí estudió con Thomas Hart Benton, uno de los principales representantes del regionalismo estadounidense.

 

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Benton le proporcionó una sólida formación en dibujo y composición, aunque Pollock acabaría alejándose radicalmente de aquella pintura figurativa. También entró en contacto con la obra de los muralistas mexicanos, particularmente David Alfaro Siqueiros, y con las experiencias del surrealismo y el automatismo. Su pintura comenzó a hacerse más oscura, violenta y psicológica, alimentada además por sus sesiones de psicoterapia de orientación junguiana. 

La National Gallery of Art destaca precisamente la combinación de esas influencias —desde las pinturas de arena navajo hasta la caligrafía asiática, Picasso y el psicoanálisis— en la formación de su lenguaje personal.

 

De la figuración sombría a la abstracción

Durante los años treinta y primeros cuarenta, Pollock todavía estaba muy lejos del artista de los grandes lienzos salpicados que terminaría convirtiéndose en una celebridad mundial.

Trabajó para el Federal Art Project, programa creado durante el New Deal, y colaboró con Siqueiros. Sus obras de aquellos años muestran figuras distorsionadas, símbolos, animales y formas violentas que poco a poco fueron perdiendo su apariencia reconocible.

En 1943 llegó un momento decisivo: Peggy Guggenheim presentó a Pollock en su célebre galería Art of This Century de Nueva York. La exposición le proporcionó una plataforma fundamental y lo situó entre los artistas de vanguardia que estaban transformando la escena artística estadounidense. Ese mismo año realizó Mural, una monumental obra de más de seis metros de ancho que Guggenheim encargó para su apartamento.

La relación con Leonora “Lee” Krasner, también artista, sería igualmente determinante. Se casaron en 1945 y poco después abandonaron el bullicio de Nueva York para instalarse en Springs, Long Island. Allí, en un antiguo granero convertido en estudio, Pollock encontraría el espacio físico que necesitaba para realizar la revolución que cambiaría la pintura del siglo XX.

 

El nacimiento del dripping

Entre 1946 y 1947 comenzó a aparecer el Pollock que hoy forma parte de la historia del arte. Una obra como Full Fathom Five, de 1947, funciona como puente entre su pintura anterior y la nueva técnica. Pollock comenzó el cuadro sobre un caballete, pero terminó colocándolo en el suelo. Sobre la superficie incorporó pintura, esmalte y hasta objetos cotidianos como clavos, monedas, botones, fósforos y cigarrillos, antes de cubrir buena parte del lienzo con goteos de esmalte.

Se encontró tan a gusto con esa técnica que poco después abandonaría definitivamente el caballete.

 

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El lienzo era colocado directamente sobre el suelo y Pollock caminaba alrededor de él, inclinándose, girando, desplazándose y dejando caer o lanzando pintura desde pinceles, palos, latas perforadas o directamente desde el recipiente. En lugar de utilizar el pincel para pintar una imagen, utilizaba todo el cuerpo para crear un acontecimiento pictórico.

Free Form, de 1946, es considerada por el MoMA como muy probablemente su primera pintura realizada mediante dripping. El artista comenzó con un fondo rojo y añadió después los entramados negros y blancos mediante pintura diluida que fue arrojando y dejando gotear sobre la superficie.

La técnica alcanzaría su plenitud entre 1947 y 1950.

 

Action painting

La etiqueta action painting terminaría asociándose estrechamente con Pollock y con otros representantes del expresionismo abstracto. La idea fundamental era que el cuadro no debía ser únicamente una imagen terminada, sino también el registro de la acción física del artista.

En Pollock, esa acción resulta especialmente evidente. No pintaba sobre el cuadro desde una posición exterior: se movía alrededor y, en ocasiones, literalmente dentro del campo de la pintura.

 

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Las líneas se cruzaban, se superponían y se entrelazaban hasta crear lo que se conoce como composición all-over: no existe necesariamente un centro privilegiado ni una esquina hacia la que conduzca la mirada. El cuadro puede contemplarse desde múltiples puntos y, en algunos casos, incluso se ha discutido cuál era su orientación original.

El resultado podía parecer caótico, pero no era simplemente azar. Pollock controlaba la viscosidad de la pintura, la altura desde la que la dejaba caer, la velocidad del movimiento y la dirección de sus desplazamientos. El azar intervenía, pero dentro de un proceso físico deliberado.

Number 1A, 1948, hoy en el MoMA, es un excelente ejemplo de esa transición. Pollock incluso dejó huellas de sus manos en la parte superior derecha del lienzo.

 

Números en lugar de nombres

Una de las decisiones más curiosas de esta etapa fue abandonar los títulos evocadores.

Pollock había dado anteriormente nombres como The She-Wolf, Full Fathom Five o The Deep. Sin embargo, a partir de 1948-1949 comenzó a utilizar números: Number 1, Number 5, Number 8, Number 17A, Number 31, y así sucesivamente.

La explicación quedó asociada a Lee Krasner: “Numbers are neutral”, según explicó posteriormente, porque permitían contemplar la obra por lo que era y no buscar en ella una historia o una representación concreta.

La decisión encajaba perfectamente con la radicalidad de aquella pintura. El cuadro ya no necesitaba representar un paisaje, un personaje o una escena. La propia pintura era el asunto.

Así surgieron algunas de sus obras maestras: Number 1, 1949, Number 8, 1949, Number 17A, 1948, Number 31, 1950 y Autumn Rhythm (Number 30), 1950, entre muchas otras.

 

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La cima de la fama y el nacimiento del mito

Entre 1947 y 1950 Pollock alcanzó la cima de su creatividad. Su reputación creció vertiginosamente y en 1949 la revista Life publicó un célebre artículo que preguntaba si Pollock era “el mayor pintor vivo de Estados Unidos”.

Lamentablemente, el éxito no trajo tranquilidad. Pollock era un hombre profundamente inseguro, de temperamento difícil y con una relación problemática con los demás. Podía mostrarse reservado y retraído, y al mismo tiempo convertirse en una persona agresiva cuando bebía. Su alcoholismo se hizo progresivamente más grave y estuvo acompañado por episodios depresivos, peleas y períodos de aislamiento.

Su relación con Krasner comenzó a deteriorarse a medida que aumentaban la presión profesional, la inseguridad y el consumo de alcohol. La propia MoMA registra que en 1956, después de meses de deterioro de la relación, la bebida y la depresión se habían acelerado.

No resulta adecuado convertir esa autodestrucción en una romántica leyenda del “artista maldito”. El alcohol no fue simplemente una peculiaridad bohemia de Pollock: terminó afectando su trabajo, su matrimonio, sus relaciones personales y, finalmente, provocó su muerte.

 

Escapar de su propio éxito

A comienzos de los años cincuenta Pollock dio inesperadamente la espalda al lenguaje que lo había convertido en una estrella.

Su producción se volvió más oscura. Realizó una serie de pinturas prácticamente monocromáticas en negro sobre lienzos sin preparar, entre ellas Number 7, 1951, y posteriormente regresó al color y a elementos figurativos. La etapa muestra a un artista que no estaba dispuesto a repetir mecánicamente la fórmula que le había dado fama.

The Deep, de 1953, pertenece a esta fase más sombría. También aparecen obras como Ocean Greyness, Greyed Rainbow, White Light y Blue Poles, mientras algunas pinturas recuperan formas que recuerdan vagamente a figuras humanas.

 

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Era, en cierta manera, un regreso al Pollock anterior al gran estallido del dripping, aunque ya nada podría volver a ser como antes.

La presión comercial tampoco ayudaba. Los coleccionistas querían nuevos Pollock, mientras el artista sufría la contradicción de ser celebrado precisamente por una fórmula de la que él mismo intentaba escapar. Según la documentación biográfica, su frustración y el aumento de la demanda contribuyeron a profundizar su alcoholismo.

La depresión y la falta de voluntad se agigantaron. En 1955 dejó prácticamente de pintar. Para la primavera de 1956 llevaba alrededor de 18 meses sin trabajar, y su situación personal era cada vez más grave.

 

De la incomprensión inicial a cifras astronómicas

El destino económico de las pinturas de Pollock resulta casi paradójico. Algunas de aquellas obras que inicialmente desconcertaban a los compradores terminaron convirtiéndose en auténticos trofeos del mercado internacional.

Number 17, 1951 estableció en noviembre de 2021 un récord de subasta para Pollock al alcanzar 61,2 millones de dólares en Sotheby's, dentro de la colección Macklowe.

Pero ese récord quedó pulverizado en mayo de 2026.

En Christie's Nueva York, Number 7A, 1948 alcanzó una cifra récord en una subasta , después de casi siete minutos de pujas. La cifra prácticamente triplicó el récord anterior y convirtió la obra en el Pollock más caro jamás vendido públicamente.

El cuadro, de unos 3,34 metros de ancho, es además uno de los ejemplos más importantes de la etapa del dripping que todavía permanecían en manos privadas.

 

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El contraste difícilmente podría ser mayor: las telas que en su momento fueron consideradas por algunos críticos como manchas, garabatos o simples accidentes de pintura hoy se cotizan por cientos de millones de dólares. Como nota de color, en la película El Contador (2016), dirigida por Gavin O'Connor, el protagonista Christian Wolff —encarnado por Ben Affleck— tiene fijada en el techo de su casa rodante, justo encima de su cama, el cuadro Free Form, de 1946, que ha comprado a modo de inversión.

 

Una muerte tan violenta como sus obras

El final llegó la noche del 11 de agosto de 1956. Después de un día marcado por el consumo de alcohol, tomó su Oldsmobile convertible y condujo por Fireplace Road, cerca de su casa de Springs. A las 10:15 de la noche perdió el control del automóvil y se estrelló contra un árbol. Pollock murió en el acto. También falleció Edith Metzger, que viajaba como pasajera. La artista Ruth Kligman, entonces amante de Pollock y tercera ocupante del vehículo, sobrevivió al accidente.

La tragedia cerró de forma brutal una vida que había oscilado entre la genialidad artística y la autodestrucción. Pollock no llegó a cumplir 45 años ni pudo comprobar hasta dónde llegaría la influencia de aquellas pinturas que había creado caminando alrededor de un lienzo extendido en el suelo.

Su muerte transformó además la dimensión de su leyenda. A finales de 1956, el MoMA organizó una retrospectiva póstuma que debía haber sido una exposición de un artista todavía en plena madurez y terminó convertida en un homenaje a una carrera truncada.

Jackson Pollock dejó una obra relativamente breve, irregular y atravesada por contradicciones, pero su revolución fue definitiva: desplazó el centro de la pintura desde la imagen hacia el gesto, el movimiento y el propio acto de crear. El hombre fue destruido por sus demonios; el artista, en cambio, terminó cambiando para siempre la historia del arte moderno.

 

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Con información e imágenes de:

Jackson Pollock

Britannica

National Gallery of Art

MoMA

Christie's

The Ark of Grace