El aprendizaje lingüístico en la tercera edad
El interés por aprender idiomas no disminuye con la edad; al contrario, se convierte en una herramienta poderosa para el bienestar cognitivo. Investigaciones de diversas instituciones, como la Universidad de Edimburgo y la Academia Americana de Neurología, indican que el bilingüismo o el multilingüismo iniciado en etapas tardías puede transformar la estructura cerebral con numerosos efectos positivos.
Nunca es tarde para empezar
Muchos adultos mayores optan por cursos de idiomas por motivos personales, como disfrutar más del turismo y los viajes, mantener conexión familiar con descendientes nacidos en países extranjeros, o tan solo por retomar aquel viejo aprendizaje inconcluso de la adolescencia.
Sin embargo, los beneficios van más allá de lo netamente práctico. Según expertos en neurociencias, el cerebro se adapta y genera nuevas conexiones neuronales incluso después de los 60 años.

Beneficios clave identificados en estudios
Diversos portales especializados en salud y envejecimiento coinciden en los impactos positivos. A continuación, se detallan seis beneficios cognitivos principales, respaldados por evidencia científica.
1 - Mejora de la memoria y la concentración
Aprender un idioma fortalece la memoria de trabajo, esencial para retener información temporal. Un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology muestra que los adultos mayores que estudian lenguas extranjeras mejoran su capacidad para enfocarse en tareas complejas.
2 - Retraso en el deterioro cognitivo
El bilingüismo actúa como un escudo contra el declive mental. Investigaciones de la Universidad de Toronto revelan que personas que aprenden idiomas tarde en la vida retrasan la aparición de síntomas de demencia en hasta cinco años. En palabras de un neurocientífico canadiense: “Aprender japonés para que no venga ‘el alemán’ ” (en obvia referencia al Alzheimer).
3 - Aumento de la plasticidad cerebral
El cerebro de los mayores se beneficia de la neuroplasticidad inducida por el aprendizaje lingüístico. Portales como WebMD explican cómo esto implica el crecimiento de nuevas sinapsis, lo que fortalece el cerebro ante el envejecimiento natural.

4 - Mejora en la multitarea y la toma de decisiones
Manejar dos o más idiomas obliga al cerebro a alternar entre sistemas lingüísticos, lo que refina habilidades “multitarea” a la hora de ejecutarlas. Según informes de la Asociación Americana de Psicología, esto se traduce en una mejor gestión de decisiones cotidianas.
5 - Reducción del estrés y mejora del bienestar emocional
El proceso de aprendizaje fomenta la liberación de endorfinas, hormona que alivia el estrés. Estudios en The Journal of Gerontology vinculan esta actividad con un menor riesgo de depresión en la tercera edad.
6 - Fomento de la interacción social
Aprender en grupo o mediante apps promueve conexiones sociales y evita el aislamiento. Fuentes como AARP destacan cómo esto contribuye a una salud mental integral.

Ejemplos prácticos y recomendaciones
Para ilustrar, se pueden mencionar casos como el de adultos mayores en programas de Duolingo o clases comunitarias, donde se observan avances notables. Se sugiere comenzar con idiomas cercanos al nativo, como del español al portugués o al italiano, para facilitar el proceso.
La facilidad que hoy dan las conexiones inmediatas y las redes sociales, y sumado a ellas, la cantidad de contenido —incluso gratuito— para aprender un idioma han allanado el camino para personas retiradas que disponen de mayor flexibilidad de tiempo.
- Apps recomendadas: Duolingo, Babbel, Elsa, MakesYouFluent, jumpspeak, Memrise, Busuu.
- Cursos presenciales: Normalmente se dictan en centros culturales o universidades para mayores.
- Tiempo dedicado: 15-30 minutos diarios para resultados óptimos.
Evidencias científicas
Una investigación llevada a cabo por neurocientíficos y publicada en la Biblioteca Nacional de Medicina (artículo original en inglés) confirma que el aprendizaje de idiomas después de los 60 no solo es factible, sino altamente beneficioso para mantener un cerebro ágil.
Con información e imágenes de:
medrxiv.org
Fundación FASS
MIT Press Reader