El célebre autor francés se convirtió en un pilar de la ciencia ficción con novelas que predijeron avances tecnológicos como submarinos y viajes espaciales con un siglo de antelación. Su colaboración con el editor Pierre-Jules Hetzel impulsó la serie Viajes Extraordinarios, que exploraba aventuras científicas y geográficas.
Jules Gabriel Verne vino al mundo en una familia burguesa de Nantes, puerto clave en el Atlántico francés, el 8 de febrero de 1828. Su padre, Pierre Verne, ejercía como abogado, mientras que su madre, Sophie Allotte de la Fuÿe, provenía de una estirpe de armadores y navegantes. Esta influencia marítima marcó su niñez, y le inculcó al joven Jules una fascinación por el mar y las exploraciones que se reflejaría en sus obras posteriores. Como el mayor de cinco hermanos, Jules creció en un ambiente que combinaba rigor legal y relatos de viajes lejanos.
Cuando apenas había cumplido 19 años, fue enviado a París en 1848 para estudiar derecho, siguiendo los deseos paternos. Sin embargo, estando allí, Verne se interesó más por la literatura y el teatro. Al vivir en la capital cultural de la Europa de la época, tuvo la oportunidad de frecuentar círculos intelectuales, en los que se vio influenciado por autores como Victor Hugo y Alexandre Dumas.
Aunque finalmente —y más para cumplir con su padre que para ganarse la vida— obtuvo su licencia en leyes en 1851, su pasión por la escritura lo llevó a componer poemas, libretos y obras teatrales, mientras trabajaba como secretario en el Théâtre Lyrique.
Inicios en la escritura
Los primeros años de Julio Verne en París incluyeron empleos como corredor de bolsa para mantener sus gastos, pero su vocación literaria prevaleció. Publicó cuentos cortos en revistas y estrenó comedias ligeras, aunque con éxito moderado. El punto de inflexión llegó en 1862 al conocer a Pierre-Jules Hetzel, editor que impulsó su carrera al publicar Cinco semanas en globo en 1863, la primera de la serie Viajes extraordinarios. Para su beneficio, esta colaboración duró décadas, con Hetzel como mentor y guía hacia un enfoque científico y educativo en sus narrativas.
Verne era un ávido lector, y se interesaba por temas de actualidad científica y tecnológica de sumo auge en pleno siglo XI. Así fue que incorporó conocimientos de geografía, física y tecnologías emergentes, inspirado por los avances de la Revolución Industrial. Sus obras no solo entretenían, sino que educaban, anticipando inventos como el submarino eléctrico en Veinte mil leguas de viaje submarino o el helicóptero en Robur el conquistador.
Obras principales y su impacto visionario
La prolífica producción de Verne abarcó cerca de 100 novelas, muchas bajo el sello de Viajes extraordinarios. Entre las más destacadas figuran:
Viaje al centro de la Tierra (1864), que explora cuevas volcánicas y mundos subterráneos.
De la Tierra a la Luna (1865), precursora de la exploración espacial. En su novela, Verne menciona con sorprendente acierto, que la nave es lanzada al espacio desde la península de Florida, y regresa para amerizar en el océano tal y como ocurriría casi un siglo después con las misiones Apollo.
Veinte mil leguas de viaje submarino (1870), con el icónico Capitán Nemo y su nave, el Nautilus, al que Verne le incorporó avances tecnológicos inéditos para la época, pero que se utilizaron décadas después en la construcción de los primeros submarinos.
La vuelta al mundo en ochenta días (1873), aventura que inspiró viajes reales y tuvo varias adaptaciones cinematográficas.
Estas narrativas fusionaban rigor científico con tramas de aventura, y sus textos predijeron tecnologías del siglo XX como las ciudades con rascacielos —y obviamente el imprescindible ascensor—, la televisión y los automóviles eléctricos. Verne, a menudo llamado "padre de la ciencia ficción" junto a H.G. Wells, influyó en generaciones de científicos e inventores.
Vida personal
En 1857, Verne contrajo matrimonio con Honorine de Viane, viuda con dos hijas, y juntos tuvieron un hijo, Michel, quien más tarde editaría obras póstumas de su padre. La familia se instaló en Amiens en 1871, donde Verne participó en la política local como concejal, y desde su banca defendió siempre las causas educativas y culturales. Afectado por diabetes y problemas de visión, sus últimos años estuvieron marcados por la reclusión en su hogar, aunque continuó escribiendo hasta su muerte el 24 de marzo de 1905, a los 77 años, en Amiens.
Indudablemente, el legado de Julio Verne trasciende la literatura, y ha inspirado generaciones de creadores, tanto en el cine, como en las ciencias, particularmente en la exploración espacial y la innovación tecnológica.
Novelas como las suyas han sido adaptadas innumerables veces, y nadie duda que Verne ha sido un profeta de la modernidad.
Considerado uno de los grandes renovadores de la pintura del siglo XX, Henri Matisse transformó la manera de entender el color, la composición y las formas. Fue figura central del fauvismo y creador de una obra que evolucionó desde los retratos y paisajes de intensos contrastes hasta los célebres recortes de papel coloreado de su madurez.
Pianista de formación clásica, apasionado del jazz y revolucionario del rock, Keith Emerson fue uno de los músicos que transformaron los teclados electrónicos en protagonistas de la música. El fundador de Emerson, Lake & Palmer, llevó el virtuosismo pianístico, el órgano Hammond y los primeros sintetizadores a territorios hasta entonces poco explorados por el rock.
El artista visual dominicano Néstor Omar García, conocido como Angurria, ha llevado una de las imágenes más reconocibles de la cultura popular quisqueyana hasta la fachada de una torre de viviendas en el sur del Bronx. La obra rinde homenaje a las familias latinas que han contribuido a construir la identidad de Nueva York.