Nacido el 19 de junio de 1897, el segundo de los hermanos fue mucho más que el líder de Los Tres Chiflados. Actor, productor, organizador y alma del célebre trío cómico, dedicó más de medio siglo a perfeccionar un estilo de humor que conquistó a millones de espectadores en todo el mundo.
Moe Howard nació como Moses Harry Horwitz el 19 de junio de 1897 en Brooklyn, Nueva York, en el seno de una familia de inmigrantes judíos de origen lituano.
Desde muy pequeño mostró una personalidad enérgica y un interés especial por el espectáculo, a la vez que se iba viendo en él poco entusiasmo por el estudio. Lo que realmente capturaba su atención eran los teatros, los números de vodevil y las funciones cómicas que comenzaban a popularizarse en la ciudad en los albores del Siglo XX.
La fascinación por el escenario era tan intensa que en más de una ocasión faltó a clases para asistir a representaciones teatrales. Aquella pasión terminaría definiendo el rumbo de toda su vida.
Primeros pasos en el mundo del espectáculo
A comienzos del siglo XX, el vodevil representaba una de las principales formas de entretenimiento en Estados Unidos.
En este contexto, Moe empezó a trabajar en distintos empleos mientras buscaba oportunidades artísticas. Durante esos años fortaleció su vínculo con su hermano menor, Shemp Howard , a los que se sumó un joven violinista llamadoLarry Fine , quienes más adelante serían piezas fundamentales de su carrera.
La gran oportunidad llegó cuando se unió al popular comediante Ted Healy . En torno a Healy comenzó a formarse un grupo de actores secundarios especializados en humor físico, improvisación y caos escénico, algo que ya venía desarrollando el talentoso Buster Keaton desde hacía algunos años de forma solitaria.
Sin saberlo, estos dos hermanos y su amigo estaban sentando las bases de lo que sería una de las agrupaciones cómicas más famosas de todos los tiempos.
Los Tres Chiflados
La historia de Los Tres Chiflados (The Three Stooges) comenzó oficialmente en la década de 1930.
Tras separarse de Ted Healy, Moe, Larry y Shemp iniciaron su propio camino artístico. Poco después, Shemp abandonó temporalmente el grupo y fue reemplazado por su hermano menor, Curly Howard . La incorporación de este regordete de características casi infantiles terminó dando forma a la alineación que el público convertiría en legendaria.
Moe asumió naturalmente el papel de líder. Su personaje era autoritario, impaciente y explosivo. Repartía golpes, pellizcos, empujones y reprimendas a sus compañeros, quienes respondían provocando nuevos desastres.
Aquella dinámica aparentemente simple se transformó en una fórmula cómica extraordinariamente eficaz.
El arte de parecer siempre enfadado
La imagen de Moe es inseparable de su característico corte de cabello recto y de su expresión permanentemente severa. Mientras Curly aportaba la energía caótica y Larry representaba la confusión permanente, Moe actuaba como el “adulto gruñón”, el que mantenía unida la estructura cómica del grupo.
Su aparente mal humor escondía una enorme precisión artística. Cada gesto, cada mirada y cada reacción estaban cuidadosamente calculados para provocar la risa. Detrás de la espontaneidad que parecía dominar los cortometrajes existía un perfeccionismo notable.
Muchos historiadores de la televisión coinciden en que Moe fue el verdadero arquitecto creativo de Los Tres Chiflados, desde la supervisión de los aspectos de producción, la organización y el desarrollo de los personajes.
Una fábrica de carcajadas
Entre 1934 y 1959, Los Tres Chiflados produjeron cerca de doscientos cortometrajes para Columbia Pictures . Aquellas producciones se proyectaban en los cines antes de las películas principales y alcanzaron una popularidad extraordinaria.
El humor físico del grupo trascendía idiomas y fronteras culturales. No era necesario comprender los diálogos para entender los golpes, las persecuciones o las situaciones absurdas que protagonizaban.
Con el paso de los años, aquellas cintas encontraron una segunda vida en la televisión, donde nuevas generaciones descubrieron al trío y lo convirtieron en un fenómeno aún mayor.
Las pérdidas y los desafíos
No obstante, la historia de Los Tres Chiflados también estuvo marcada por momentos difíciles. En 1946, Curly —quien batallaba contra su adicción al alcohol— sufrió un grave accidente cerebrovascular que puso fin a su participación activa en el grupo. Para Moe, aquello representó un duro golpe, tanto profesional como, por supuesto, en lo personal: era su hermanito menor el que quedaba minusválido.
Fue entonces el momento del regreso de Shemp para ocupar nuevamente su lugar junto a Moe y Larry. Curiosamente, quien parecía “el borrachín” del trío, nunca tuvo problemas de alcoholismo y era una persona aplomada y de vida muy austera. Tras la muerte de Shemp en 1955 por un infarto —tenía 60 años—, otros actores se incorporaron temporalmente a la formación, entre ellos Joe Besser y Joe DeRita, aunque ninguno igualó el histrionismo ni la gracia natural del entrañable Curly.
A pesar de los cambios, Moe permaneció siempre al frente del proyecto, decidido a mantener vivo el legado del grupo.
Más allá del personaje
Quienes lo conocieron fuera de los escenarios solían describir a Moe como una persona muy diferente de la que aparecía en pantalla. Lejos del gruñón irritable que castigaba a sus compañeros, era considerado un hombre amable, familiar y profundamente profesional.
Estuvo casado durante más de cuarenta años con Helen Schonberger y mantuvo una vida familiar estable, algo relativamente poco común en el mundo del espectáculo de aquella época.
Su hija, Joan Howard Maurer , desempeñó más tarde un papel importante en la preservación de la historia del grupo.
El inesperado renacimiento televisivo
A finales de los años cincuenta parecía que la carrera de Los Tres Chiflados había llegado a su fin. Sin embargo, la venta de sus cortometrajes a las cadenas de televisión produjo un fenómeno inesperado. Millones de niños comenzaron a ver diariamente las aventuras del trío en la pantalla pequeña.
Su popularidad creció hasta niveles sorprendentes. Moe, que ya era una figura veterana, descubrió que se había convertido en ídolo de una nueva generación que apenas conocía sus orígenes cinematográficos.
Como un hecho inesperado, la televisión transformó a Los Tres Chiflados en un fenómeno cultural permanente.
Un legado que atraviesa generaciones
Larry Fine falleció a sus 72 años en febrero de 1975, debido a un derrame cerebral. Muchos dicen que fue por la gran tristeza de sentir que partía el último de sus amigos de toda la vida, que Moe Howard falleció apenas tres meses después, el 4 de mayo de 1975 a los 77 años. Con su muerte desaparecía el último gran motor creativo de una de las agrupaciones humorísticas más influyentes del siglo XX.
Sin embargo, la obra que ayudó a construir continúa viva. Series de televisión, caricaturas, cineastas y comediantes posteriores han reconocido la influencia del estilo desarrollado por Los Tres Chiflados. Desde el humor físico hasta la comedia absurda moderna, muchas de sus técnicas siguen presentes en la cultura popular.
El 30 de agosto de 1983, más de seis décadas después de que comenzaron a actuar, y aunque todos sus miembros originales habían fallecido, el trío fue homenajeado con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.
El hombre que mantuvo unido al trío
Cuando se recuerda a Los Tres Chiflados, la atención suele concentrarse en las caídas de Curly, los desconciertos de Larry o los célebres golpes en la cabeza que provocaban carcajadas inmediatas.
Pero detrás de todo aquello estaba Moe Howard. Fue el organizador, el líder y el estratega que mantuvo unido al grupo durante décadas. También fue quien comprendió que la comedia podía ser una maquinaria perfectamente sincronizada, donde cada gesto y cada reacción tenían un propósito.
No fue casual, entonces, que esa lucidez y profesionalismo le permitió, a lo largo de su vida, administrar muy bien sus ganancias, y desde su retiro pudo vivir de una manera acomodada y con un gran respaldo económico.
A 129 años de su nacimiento, su figura continúa ocupando un lugar privilegiado en la historia del entretenimiento. El hombre que parecía estar siempre enfadado consiguió algo extraordinario: dedicar toda una vida a hacer reír al mundo.
Una frase que definió su filosofía
Aunque Moe no fue un hombre de grandes declaraciones públicas, una de las reflexiones que más se le atribuyen resume perfectamente su trayectoria:
“Si puedes hacer reír a la gente, ya has hecho algo bueno por el mundo.”
Una idea sencilla, pero coherente con la vida de quien ayudó a construir uno de los fenómenos humorísticos más duraderos de la historia de la televisión y el cine.
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