Del cine criminal británico a Sherlock Holmes y las superproducciones de Hollywood, Guy Ritchie ha construido una filmografía reconocible por sus diálogos veloces, personajes al límite, humor negro, montajes frenéticos y tramas en las que casi nadie dice toda la verdad.
Un director nacido para contar historias a toda velocidad
Guy Stuart Ritchie nació el 10 de septiembre de 1968 en Hatfield, Hertfordshire, y llega a los 58 años convertido en una figura plenamente consolidada del cine británico contemporáneo. Su carrera comenzó lejos de las grandes producciones de Hollywood y muy cerca de las calles, los pubs y los bajos fondos londinenses que terminarían convirtiéndose en una de las señas de identidad de su cine.
Su debut en el largometraje, Lock, Stock and Two Smoking Barrels, estrenado en 1998, fue una auténtica declaración de principios. La película mezclaba delincuentes de poca monta, apuestas, deudas, armas y traiciones con una puesta en escena dinámica y unos diálogos cargados de humor. También sirvió para lanzar las carreras cinematográficas de Jason Statham y Vinnie Jones, este último, futbolista profesional en la Premiere League, antes de lanzarse a la actuación.
A partir de ahí, Ritchie fue ampliando progresivamente su territorio. Continuó explorando el crimen británico, pero después se adentró en el cine de espías, la aventura, la acción, las superproducciones e incluso la fantasía familiar con Aladdín. Sin embargo, sus películas siguen teniendo algo reconocible: personajes carismáticos, ritmo vertiginoso, giros narrativos y una especial habilidad para convertir el desorden en espectáculo.
Estas son cinco películas fundamentales para entender su evolución.
1. Juegos, trampas y dos armas humeantes (Lock, Stock and Two Smoking Barrels) - 1998
La película que lo cambió todo.
Cuatro amigos londinenses se encuentran atrapados en una peligrosa cadena de deudas, apuestas y delincuentes después de que una partida de póquer salga terriblemente mal. A partir de ahí, Ritchie pone en marcha una maquinaria narrativa en la que los personajes se cruzan constantemente y cada decisión parece conducir a un problema todavía mayor.
Más allá de su historia, Juegos, trampas y dos armas humeantes resulta esencial porque allí aparecen prácticamente todos los ingredientes que definirían al primer Guy Ritchie: montaje acelerado, humor negro, criminales extravagantes, lenguaje callejero, narración fragmentada y una galería de personajes que parecen vivir permanentemente al borde del desastre.
La película también marcó el descubrimiento de Jason Statham, entonces sin experiencia cinematográfica consolidada, que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes rostros del cine de acción.
2. Snatch: cerdos y diamantes- 2000
El Guy Ritchie más puro y probablemente el más reconocible.
Dos historias aparentemente diferentes terminan entrelazándose alrededor de un enorme diamante robado, apuestas clandestinas, boxeo ilegal y una colección de delincuentes de muy distinta categoría. En medio aparece Mickey O'Neil, el imprevisible boxeador interpretado por Brad Pitt, uno de los personajes más recordados de la filmografía del director.
Snatch perfecciona la fórmula de Juegos, trampas... Ritchie juega con diferentes líneas argumentales, personajes que se cruzan sin saberlo, cambios de ritmo, narración no lineal y diálogos que pueden convertirse en auténticos duelos verbales.
Es también una película especialmente importante para comprender su sentido del humor: violencia, absurdo y comedia conviven constantemente, mientras la cámara se mueve con una energía que convierte Londres en otro personaje de la historia.
La cinta fue estrenada en 2000 y permanece entre los títulos más asociados a la identidad cinematográfica de Ritchie.
3. Sherlock Holmes(2009)
La prueba de que Ritchie podía trasladar su estilo a Hollywood.
Después de varios años ligado principalmente al cine criminal, Ritchie recibió el encargo de reinventar a uno de los personajes más famosos de la literatura británica. El resultado fue un Sherlock Holmes interpretado por Robert Downey Jr., mucho más físico, impulsivo y aventurero que la imagen tradicional del detective.
Junto a Jude Law como el doctor Watson, Holmes se enfrenta a una trama que combina misterio, conspiración y acción, todo ello presentado mediante una puesta en escena muy dinámica.
La película es especialmente interesante dentro de la trayectoria de Ritchie porque demuestra que su lenguaje visual podía funcionar fuera del mundo de los gánsteres londinenses. Los movimientos de cámara, el montaje acelerado y la construcción de las escenas de combate conservan su sello, pero aplicados ahora a una producción de gran presupuesto.
El éxito de la propuesta dio lugar a una segunda película, Sherlock Holmes: Juego de sombras, estrenada en 2011.
4. El agende de C.I.P.O.L. (The man from U.N.C.L.E.) - 2015
Ritchie convertido en director de cine de espías.
Con este filme Ritchie se acercó al universo de los espías y trajo la esencia de la serie televisiva de los años sesenta. La película reúne al agente estadounidense Napoleon Solo, interpretado por Henry Cavill, y al soviético Illya Kuryakin, encarnado por Armie Hammer, dos personajes obligados a trabajar juntos en plena Guerra Fría.
Aquí desaparece buena parte del ambiente de bajos fondos de sus primeras películas, pero no su personalidad. Ritchie apuesta por humor, elegancia, acción estilizada y personajes con una marcada personalidad, mientras recrea una estética sesentera llena de trajes, automóviles y escenarios internacionales.
Es una muestra particularmente interesante de su capacidad para tomar un género ajeno a sus orígenes y hacerlo pasar por su propio filtro.
5. Los Caballeros (The Gentlemen) - 2019
El regreso a los territorios donde Ritchie se siente como en casa.
Después de recorrer Hollywood y trabajar con grandes franquicias, Ritchie regresó al cine criminal británico con The Gentlemen. Matthew McConaughey interpreta a Mickey Pearson, un poderoso empresario del negocio de la marihuana que pretende desprenderse de su imperio y desencadena una sucesión de conspiraciones, negociaciones y traiciones.
El reparto incluye nombres como Colin Farrell, Hugh Grant, Charlie Hunnam y Henry Golding, pero la verdadera protagonista vuelve a ser la maquinaria narrativa de Ritchie.
La película recupera buena parte del espíritu de Juegos, trampas… y Snatch, aunque con personajes más sofisticados y una atmósfera de mayor elegancia. Es, en cierto modo, el regreso del director a sus raíces después de dos décadas de experimentación.
Además, Los Caballeros demostró que aquella fórmula que había convertido a Ritchie en una figura llamativa a finales de los noventa seguía funcionando muchos años después.
Un estilo que se reconoce en pocos segundos
Guy Ritchie ha dirigido desde películas de gánsteres hasta Sherlock Holmes, Aladdín, cine bélico y thrillers de acción. Su filmografía reciente demuestra que no se ha quedado encerrado en el género que lo hizo famoso: entre sus trabajos posteriores aparecen Despierta la furia, El pacto, El ministerio de la guerra sucia y La fuente de la eterna juventud, además de nuevos proyectos que amplían todavía más su recorrido.
Pero si hay algo que permanece constante es su manera de contar historias: ritmo, humor, violencia, personajes peculiares, diálogos afilados y tramas que parecen imposibles de controlar hasta que todas las piezas terminan encajando.
Cinco películas, cinco puertas de entrada a un cine que, para bien o para mal, difícilmente puede confundirse con el de cualquier otro director.
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