Dustin Hoffman se mira al espejo: el 'actor de dudoso talento' que logró una carrera legendaria

Dustin Hoffman se mira al espejo: el 'actor de dudoso talento' que logró una carrera legendaria

A los 89 años, Dustin Hoffman se prepara para publicar 'Look at Me', unas memorias en las que revisa seis décadas de carrera y recuerda el improbable camino que lo llevó desde un joven actor al que auguraban pocas posibilidades de éxito hasta convertirse en una de las grandes figuras del cine estadounidense.


 

Consagrado

A estas alturas de su vida, Dustin Hoffman ya no necesita demostrar nada como actor. Dos premios Óscar, seis nominaciones, una filmografía que atraviesa algunas de las películas fundamentales del cine estadounidense de las últimas seis décadas y una colección de personajes que ayudaron a cambiar la imagen tradicional de la estrella de Hollywood.

Sin embargo, ahora ha decidido enfrentarse a un papel completamente diferente: el de protagonista de su propia historia.

A sus 89 años, Hoffman publicará en Estados Unidos sus memorias, Look at Me, un libro escrito junto a la periodista y escritora Ariel Levy, que llegará a las librerías el 11 de noviembre. El volumen repasa su trayectoria desde los años de incertidumbre en Nueva York hasta su consolidación como uno de los intérpretes esenciales del llamado Nuevo Hollywood.

 

dustin-hoffman-libro


Pero Hoffman no parece interesado únicamente en confeccionar un catálogo de sus películas. Su mirada es más personal: quiere entender al joven que alguna vez fue, al actor que tuvo que luchar contra los prejuicios sobre su físico y contra sus propias inseguridades, y al hombre que terminó descubriendo que la fama y la felicidad no necesariamente viajan juntas.

 

Cuando nadie apostaba por Dustin Hoffman

Uno de los episodios más reveladores de sus memorias tiene que ver precisamente con la falta de confianza que despertaba aquel joven que soñaba con ser actor.

Cuando Hoffman anunció a su familia que quería dedicarse a la interpretación, una tía le hizo saber que no tenía precisamente el físico de un futuro protagonista. En el Hollywood de entonces dominaba un determinado modelo de galán: hombres altos, seguros y convencionalmente atractivos como Warren Beatty o Sidney Poitier. El joven Dustin medía aproximadamente 1,65 metros y claramente no encajaba en aquel molde.

Su respuesta, sin embargo, fue construir una carrera que terminó demostrando que el cine podía necesitar otro tipo de protagonista: vulnerable, nervioso, imperfecto, contradictorio y mucho más cercano al espectador común.

El punto de inflexión llegaría con El graduado (The Graduate), de Mike Nichols, estrenada en 1967. Hoffman tenía 30 años cuando interpretó a Benjamin Braddock, un joven confundido que se convirtió en uno de los personajes emblemáticos de la transformación cultural estadounidense de los años sesenta.

 

dustin-hoffman-el-graduado
 

Curiosamente, el camino hacia aquel papel tampoco fue sencillo. Durante la prueba de cámara estaba tan nervioso que olvidó sus líneas. El estudio, sin embargo, terminó apostando por él.

La decisión cambió para siempre su vida.

 

Los dos estudiantes con menos posibilidades

Una de las historias que Hoffman rescata ahora adquiere un significado especial después de toda una vida de éxitos.

Antes de Hollywood, Hoffman estudió interpretación en Pasadena, donde coincidió con otro joven que tampoco parecía destinado a convertirse en una estrella: Gene Hackman .

Ambos fueron votados por sus compañeros como los dos estudiantes con menos posibilidades de triunfar. La ironía es extraordinaria. Aquellos dos jóvenes que aparentemente tenían el futuro menos prometedor terminarían convirtiéndose en dos de los actores más importantes de su generación. Hackman acabaría ganando dos Óscar y Hoffman otros dos.

La amistad continuó cuando ambos llegaron a Nueva York para intentar abrirse camino como actores. Hoffman llegó incluso a compartir apartamento con Hackman durante un tiempo, antes de mudarse posteriormente con Robert Duvall, otro intérprete que comenzaba entonces su carrera.

Décadas después, Hoffman terminaría siendo el último de aquel trío de amigos que permanece con vida.

 

dustin-hoffman-gene-hackman
 

Una generación que cambió Hollywood

El ascenso de Hoffman coincidió con una transformación radical de la industria cinematográfica estadounidense.

A finales de los sesenta, el viejo sistema de grandes estudios, musicales espectaculares y estrellas construidas según modelos tradicionales comenzaba a perder fuerza. Una nueva generación de cineastas —entre ellos Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Steven Spielberg , George Lucas y Mike Nichols— empezó a introducir nuevas formas de contar historias.

Hoffman se convirtió en uno de los rostros fundamentales de ese cambio. Después de El graduado llegaron Cowboy de medianoche, Perros de paja, Pequeño gran hombre, Lenny, Todos los hombres del presidente, Marathon Man, Kramer contra Kramer, Tootsie y Rain Man, entre muchas otras.

No era una filmografía construida alrededor del estereotipo de la estrella invulnerable. Hoffman prefería personajes psicológicamente complejos, hombres sometidos a presiones familiares, sociales o profesionales, personajes que podían ser inseguros, obsesivos, neuróticos o incluso moralmente ambiguos.

Precisamente ahí estuvo buena parte de su revolución.

 

El actor de las cien preguntas

La fama de Hoffman como intérprete extremadamente meticuloso no es nueva. El actor desarrolló un método de trabajo basado en interrogar constantemente a sus personajes, buscar motivaciones y encontrar conexiones personales con ellos.

El director Sydney Pollack , que trabajó con él en Tootsie, resumió alguna vez esa actitud de una manera muy gráfica: Hoffman hacía cien preguntas y, según Pollack, 99 eran buenas.

Esa misma metodología parece haber acompañado ahora el proceso de escritura de sus memorias. Hoffman ha explicado que no organizó Look at Me siguiendo estrictamente una cronología. Prefirió una estructura temática porque considera que los recuerdos, especialmente a una edad avanzada, ya no aparecen como una línea temporal perfectamente ordenada, sino como un mosaico de personas, películas y experiencias.

Para escribir el libro, el talentoso actor volvió a revisar toda su filmografía. Y la experiencia produjo una reacción que quizá resulte sorprendente incluso en un actor tan exigente consigo mismo: se sorprendió de lo buenas que le parecieron algunas de aquellas películas.

Entre las que volvió a apreciar especialmente mencionó La cortina de humo (Wag the Dog) y Todos los hombres del presidente, la película que protagonizó junto a Robert Redford en 1976.

 

dustin-hoffman-robert-redford
 

Robert Redford, Gene Hackman y la memoria de una generación

El proceso de mirar hacia atrás también ha estado acompañado por la pérdida. Mientras Hoffman escribía sus memorias murieron algunos de sus amigos más cercanos, entre ellos Robert Redford , Gene Hackman y Robert Duvall , tres nombres que estuvieron ligados de una manera u otra a sus primeros años como actor.

La desaparición de Redford, con quien compartió Todos los hombres del presidente, tuvo un impacto especialmente fuerte.

Hoffman ha reconocido que resulta extraño encontrarse ahora como el último superviviente de aquel pequeño grupo de actores que compartieron precariedad, apartamentos y sueños de juventud en Nueva York.

Por eso Look at Me adquiere una dimensión que va más allá de las habituales memorias de una estrella. Es también un libro sobre la memoria y sobre lo que significa contemplar una vida profesional cuando muchas de las personas que la compartieron ya no están.

 

Del éxito a la felicidad

Quizá la reflexión más interesante que atraviesa las memorias de Hoffman sea la diferencia entre triunfar y ser feliz.

Después de seis décadas de carrera, premios, fama y reconocimiento internacional, el actor ha llegado a una conclusión tan sencilla como contundente: “El éxito es más fácil que la felicidad”.

La frase funciona casi como el resumen de toda una vida. Porque el joven al que le dijeron que no tenía el físico adecuado consiguió aquello que parecía improbable. Llegó a Hollywood, se convirtió en protagonista, ganó premios y trabajó con algunos de los grandes directores y actores de su tiempo.

Pero el éxito profesional no eliminó las inseguridades ni resolvió automáticamente las complejidades de la vida personal. En sus memorias, Hoffman parece interesado precisamente en esa contradicción: qué queda cuando desaparecen los aplausos.

 

Seis décadas frente a las cámaras

A pesar de esa mirada introspectiva, Look at Me llega también en un momento en que Hoffman continúa trabajando. Este mismo año protagonizó “Tuner”, dirigida por Daniel Roher, donde interpreta a Harry Horowitz, un veterano afinador de pianos que establece una relación casi paternal con un joven músico con hiperacusia.

Es un detalle significativo: a los 89 años, Hoffman sigue haciendo aquello que aprendió a hacer cuando era un joven desconocido: encarnar el personaje.

De hecho, cuando explica su manera de abordar un personaje, vuelve a una idea que podría funcionar igualmente como declaración artística: primero intenta encontrar algo de sí mismo dentro del personaje. No se trata de copiarse, sino de localizar una emoción o experiencia propia que le permita convertir la interpretación en algo auténtico.

Esa búsqueda probablemente explique parte de la extraordinaria naturalidad que caracteriza a algunos de sus trabajos más memorables.

 

dustin-hoffman-tom-cruise
 

Look at Me : una estrella que finalmente se observa a sí misma

El título de las memorias, Look at Me (“Mírenme”), parece especialmente apropiado para un actor cuya carrera estuvo marcada desde el principio por una paradoja.

Durante años, Hollywood le dijo que no tenía el aspecto necesario para ser mirado. Y terminó convirtiéndose en uno de los intérpretes más observados de su generación.

Su Benjamin Braddock cambió la imagen del protagonista masculino. Su padre en Kramer contra Kramer le proporcionó su primer Óscar. Tootsie demostró su extraordinaria capacidad para la comedia y Rain Man le otorgó su segundo premio de la Academia.

Pero detrás de todos esos personajes permanecía el mismo actor que comenzó preguntándose si realmente tendría un lugar en aquella industria.

Ahora, al escribir sus memorias, Dustin Hoffman parece haber decidido que llegó el momento de interpretar el papel más difícil de todos: el suyo propio.

Y quizá después de tantos años frente a la cámara, el verdadero desafío no sea conseguir que el público lo mire, sino descubrir qué ve él cuando finalmente se mira a sí mismo.

 

dustin-hoffman-retrato


 

 

 

 

 

Con información e imágenes de:

Simon & Schuster

El País

IMdB