Escenas de una infancia, publicado en 2018 es una obra autobiográfica del Nobel noruego Jon Fosse. En páginas breves e hipnóticas, el escritor revive los primeros años de su vida con una precisión que convierte lo cotidiano en revelación, e invita al lector a redescubrir su propia niñez a través de la mirada de un niño sensible y temeroso.
El Nobel que escribe como quien reza
Jon Olav Fosse recibió el Premio Nobel de Literatura 2023 “por sus innovadoras obras de teatro y prosa que dan voz a lo indecible”. Nacido en 1959 en Haugesund, en la costa oeste de Noruega, el autor ha construido una obra marcada por el minimalismo rítmico, la repetición y un tempo casi musical que el jurado de la Academia Sueca comparó con la cadencia de las olas. Dramaturgo traducido a más de cincuenta idiomas y novelista de culto, Fosse había explorado antes la infancia en su monumental Septología, pero en este libro breve se atreve a nombrar los recuerdos con su propio nombre, sin disfraz ficticio.
Convertido al catolicismo en 2013 tras una vida marcada por la angustia y el alcohol, el escritor noruego confiesa que escribe “como una forma de oración”. Esa espiritualidad contenida impregna cada página de Escenas de una infancia, donde lo sagrado aparece en lo mínimo: el olor a brea del muelle, el sonido de la lluvia contra la ventana, el miedo paralizante ante un castigo.
Un mosaico de instantes que iluminan toda una vida
El libro no sigue una línea cronológica tradicional, sino que se despliega en escenas independientes, como postales que el adulto rescata del fondo de la memoria. El niño que Fosse fue —llamado alternativamente Jon, Asle o simplemente “el niño”— vive en un pueblo rodeado de fiordos, con padres humildes y una sensibilidad que lo hace sufrir más que los demás: el terror a la sangre, la vergüenza de mojar la cama, la fascinación por la música que escucha en la radio.
Hay episodios de una belleza devastadora: la tarde en que toca el violín de su abuelo y siente por primera vez que la música puede salvarlo; la Navidad en que recibe un jersey rojo demasiado grande y lo lleva como un disfraz de superhéroe; la ocasión en que casi muere ahogado y comprende, con apenas siete años, la fragilidad de la existencia. Cada recuerdo está narrado con frases cortas, casi salmodiadas, que producen un efecto de extrañamiento: lo familiar se vuelve misterioso, lo trivial adquiere peso eterno.
La infancia como lectura para la adultez
En un mundo acelerado, la prosa lenta y meditativa de Fosse actúa como un bálsamo. Escenas de una infancia no busca conmover con grandes dramas, sino con la verdad desnuda de los detalles: el sabor de un caramelo, el roce de la lana contra la piel, el silencio después de una discusión familiar. Quien abra estas páginas reconocerá, casi con sorpresa, fragmentos de su propia niñez que creía olvidados.
Para los lectores dominicanos habituados a la exuberancia narrativa caribeña, la austeridad nórdica de Fosse puede resultar un descubrimiento refrescante: una demostración de que la emoción más profunda a veces nace del silencio y de la contención. Pocas veces un Premio Nobel se ha mostrado tan vulnerable, tan cercano, tan humano.
En palabras del propio Fosse: “Escribir es recordar lo que nunca se olvida del todo”. Escenas de una infancia es precisamente eso: un acto de recuerdo que ilumina no solo la vida de un genio, sino la de cualquiera que alguna vez fue niño.
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