El álbum The Game, de 1980, representó un punto de inflexión para Queen. Con "Another One Bites the Dust" como himno central, la banda dejaba de lado su rock clásico para abrazar ritmos funk y disco, con lo que lograría su mayor éxito comercial en Estados Unidos. Cuatro décadas y media después, el tema sigue vigente como uno de los mayores éxitos de la historia del grupo.
The Game fue un trabajo que —como los buenos platos— se cocinó a fuego lento. Se había estado grabando en sesiones divididas: algunas pistas entre junio y julio de 1979 y el resto entre febrero y mayo de 1980 en los Musicland Studios de Múnich, bajo la producción de Reinhold Mack.
Por primera vez, Queen incorporaba sintetizadores —instrumento de cuya ausencia se jactaba en casi todos sus trabajos anteriores— y experimentó con grooves más bailables, como para alejarse del rock más directo y esencial que los había definido en la década anterior.
El disco alcanzó el número 1 tanto en Reino Unido como en Estados Unidos —único álbum de la banda en lograrlo en el mercado estadounidense— y vendió alrededor de 12 millones de copias en el mundo. Temas como “Cosita loca llamada amor” (Crazy Little Thing Called Love), primer sencillo, con un aire rockabilly, y “Juega el juego” (Play the Game) mostraron esta evolución, pero fue el corte compuesto por John Deacon el que marcó la diferencia radical.
El nacimiento de un himno inesperado
"Otro muerde el polvo" (Another One Bites the Dust) nació de la inspiración de John Deacon en el bajo icónico de "Good Times" de Chic. Inicialmente concebida con letras humorísticas sobre cowboys, la canción cambió de rumbo tras grabar el backing track: el sonido más pesado y funky llevó a Freddie Mercury a optar por letras urbanas y directas sobre derrotas y resiliencia.
Deacon tocó casi todos los instrumentos base —bajo, piano, guitarra eléctrica y palmadas—, mientras que Roger Taylor aportó una batería loopada y minimalista, decisión que generó no pocas tensiones internas. Taylor siempre había defendido un estilo más potente y rockero, pero esta vez tuvo que ceder al enfoque sobrio, casi minimalista, que prevaleció gracias al respaldo de Freddie Mercury. El resultado: un tema con bajo prominente, ritmo contagioso y efectos innovadores, sin demasiada carga de sintetizadores en la versión final, aunque sí se usaron harmonizers y efectos de cinta invertida.
Lanzada como sencillo el 30 de junio de 1980, la canción alcanzó el número 1 en Estados Unidos durante tres semanas, dominó listas pop y R&B, y vendió más de dos millones de copias solo en ese país. Y nadie menos que Michael Jackson —tras haberle visto potencial comercial inmediatamente— sugirió su lanzamiento como single, idea que resultó clave para su explosión.
Algunos desacuerdos internos
Las diferencias creativas durante la grabación reflejaron el riesgo asumido por Queen: dejar atrás su fórmula establecida para innovar. Brian May recordó la filosofía del grupo:
“Teníamos la idea de que nunca debíamos repetirnos... Nos pusimos deliberadamente en diferentes situaciones para seguir avanzando”.
El éxito de "Otro muerde el polvo" abrió puertas a nuevos públicos, pero también anticipó cambios que culminarían en Hot Space (1982), un álbum mucho más orientado al funk que dominaba la escena en los 80. A pesar de críticas iniciales de fans puristas, el tema se consolidó como uno de los más vendidos y versionados de Queen, con impacto duradero en la cultura popular.
Queen en la era de The Game
La formación clásica —Freddie Mercury (voz), Brian May (guitarra), Roger Taylor (batería) y John Deacon (bajo)— posó para la portada con un look renovado: chaquetas de cuero, cabellos cortos y actitud más callejera, con lo que se intentó desde la portada reflejar el espíritu del álbum. Los fans de “aquel viejo Queen” de Una noche en la ópera(1975), Noticias del Mundo (1977) o Jazz (1978) lo tomaron con pinzas, pero finalmente entendieron el mensaje que este nuevo trabajo intentaba hacer llegar… la década de los 80 —con todo lo que significó para el rock y el pop— recién comenzaba.
Este trabajo no solo convirtió a Queen en royalty del rock estadounidense, sino que demostró su capacidad para reinventarse sin perder identidad. "Otro muerde el polvo" permanece como testimonio de cómo la experimentación, aún con desacuerdos, puede llegar a generar un himno eterno.
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