Johanna Van Gogh-Bonger: la mujer que convirtió a un pintor casi desconocido en una leyenda

Johanna Van Gogh-Bonger: la mujer que convirtió a un pintor casi desconocido en una leyenda

Cuando Vincent van Gogh murió, el 29 de julio de 1890, apenas había vendido una pintura y era un artista prácticamente desconocido. La historia pudo terminar allí, pero una joven viuda llamada Johanna Van Gogh-Bonger dedicó el resto de su vida a preservar su obra y convencer al mundo de que estaba frente a un genio.


 

Preservar un legado

Cuando se habla de la vida de Vincent van Gogh , suelen recordarse su tormentosa existencia, sus cartas a su hermano Theo y las obras maestras que pintó en apenas una década. Sin embargo, pocas veces se menciona a la persona que hizo posible que el mundo conociera esos cuadros. Esa figura fue Johanna Van Gogh-Bonger, la viuda de Theo y cuñada del pintor, cuya perseverancia transformó el legado de un artista ignorado en uno de los mayores fenómenos culturales de todos los tiempos.

Su historia demuestra que el talento, por extraordinario que sea, a veces necesita de alguien dispuesto a protegerlo cuando todos los demás lo consideran un fracaso.

 

Dos muertes y una herencia inesperada

Johanna Gezina Bonger nació en Ámsterdam en 1862 en el seno de una familia acomodada. Estudió inglés, trabajó como profesora y llevaba un diario en el que expresaba su deseo de hacer "algo grande" con su vida. En 1889 se casó con Theo van Gogh, marchante de arte y hermano menor de Vincent.

La felicidad duró muy poco: en julio de 1890 Vincent murió a los 37 años de edad . Y tan solo seis meses después, Theo, profundamente afectado por la pérdida de su hermano y aquejado por una grave enfermedad, también falleció. No había cumplido 34 años. 

 

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Johanna quedó viuda con un hijo de pocos meses y heredó un patrimonio tan extraordinario como problemático: más de 400 pinturas, cientos de dibujos y la correspondencia entre los dos hermanos, obras que prácticamente nadie deseaba comprar.

 

Una decisión que cambió la historia del arte

Muchos le aconsejaron vender la colección cuanto antes para asegurar el futuro económico de su familia. Ella tomó el camino contrario.

Lejos de liquidar las obras, comprendió que el conjunto tenía un enorme valor artístico y decidió conservarlo. Organizó exposiciones, prestó cuadros a museos y galerías, estableció contactos con críticos, coleccionistas y marchantes, y fue vendiendo las pinturas de manera estratégica. De esa manera evitó que la colección se dispersara demasiado rápido y contribuyó al mismo tiempo a aumentar el prestigio de Vincent van Gogh.

Su estrategia resultó brillante. Cada nueva exposición despertaba mayor interés y el público comenzaba a descubrir la fuerza emocional y la originalidad de aquellas pinturas que apenas unos años antes habían sido ignoradas.

 

Las cartas que revelaron al hombre detrás del artista

Johanna comprendió también que las pinturas necesitaban un contexto humano. Por ello dedicó años a recopilar, editar y publicar la correspondencia entre Vincent y Theo. Las cartas mostraban a un artista sensible, apasionado, culto y profundamente comprometido con su trabajo. Gracias a ellas, el público dejó de ver únicamente al pintor atormentado y empezó a comprender la profundidad intelectual y emocional de su obra.

La publicación de esas cartas se convirtió en una pieza fundamental para construir la imagen moderna de Van Gogh y sigue siendo hoy una fuente imprescindible para historiadores, críticos y amantes del arte.

 

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Nace un mito universal

Durante la primera década del siglo XX, Johanna logró que las obras de Vincent viajaran por los principales museos y galerías de los Países Bajos, Alemania, Francia y otros países europeos.

Cuando en Europa estalla la I Guerra Mundial, Johanna se traslada a Nueva York, donde organiza exposiciones con los cuadros de su cuñado Vincent y traduce al inglés la correspondencia entre los hermanos. Eso dio un impulso notable a la obra del pintor en Estados Unidos. Finalizada la guerra, retornó a Amsterdam.

Cada exposición aumentaba el prestigio del pintor y el valor de sus cuadros. Poco a poco, aquel artista que en vida apenas había vendido una pintura comenzó a ser considerado uno de los grandes renovadores del arte moderno.

Su hijo, Vincent Willem van Gogh, continuó posteriormente esa labor de conservación, que culminaría décadas más tarde con la creación de la Fundación Van Gogh y del célebre Museo Van Gogh de Ámsterdam, hoy uno de los espacios culturales más visitados de Europa.

 

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La inmortalidad de Van Gogh gracias a una mujer

Johanna Van Gogh-Bonger falleció en 1925, cuando el reconocimiento internacional de Vincent ya era una realidad. Había cumplido el propósito que escribió siendo una adolescente: hacer algo importante con su vida.

Hoy resulta casi imposible imaginar la historia del arte sin La noche estrellada, Los girasoles, El dormitorio en Arlés o Los comedores de patatas. Sin embargo, esa presencia universal no fue fruto del azar. Detrás del mito hubo una mujer que creyó en el talento de un artista cuando casi nadie más lo hacía y que dedicó más de tres décadas a proteger su legado.

Quizá Vincent van Gogh terminó convirtiéndose en uno de los pintores más admirados de todos los tiempos gracias a su genio. Pero fue Johanna Van Gogh-Bonger quien consiguió que ese genio no quedara sepultado por el olvido.

 

 

 

 

 

Con información e imágenes de:

Van Gogh Museum

National Gallery of Washington

National Geographic

El País