Maria Montessori: «Debemos ayudar al niño a actuar, querer y pensar por sí mismo»

Maria Montessori: «Debemos ayudar al niño a actuar, querer y pensar por sí mismo»

Médica, pedagoga, feminista y observadora incansable de la infancia, Maria Montessori desafió las reglas educativas de su tiempo y creó un método que puso al niño en el centro del aprendizaje. Sus ideas siguen presentes en escuelas de todo el mundo.


 

Una joven decidida a romper barreras

Maria Tecla Artemisia Montessori nació el 31 de agosto de 1870 en Chiaravalle, Italia, en el seno de una familia de clase media. Su padre, Alessandro Montessori, era funcionario y su madre, Renilde Stoppani, una mujer culta y apasionada por la lectura.

Cuando tenía cuatro años, la familia se trasladó a Roma. Allí comenzó una formación poco habitual para una muchacha de finales del siglo XIX. Entre 1886 y 1890 estudió en el Regio Istituto Tecnico Leonardo da Vinci, una institución orientada hacia las ciencias y la ingeniería, cuando la mayoría de las jóvenes italianas eran encaminadas hacia estudios considerados más apropiados para mujeres.

Su primera intención fue convertirse en ingeniera, pero terminó tomando una decisión todavía más audaz: quería ser médica.

La oposición familiar y las barreras institucionales no fueron menores. La medicina era prácticamente un territorio masculino y, en un principio, se le negó el ingreso. Montessori insistió hasta conseguirlo y en 1896 se convirtió en una de las primeras mujeres en obtener el título de Medicina de la Universidad de Roma. Ese mismo año representó además a Italia en el Congreso Internacional de Mujeres celebrado en Berlín, donde defendió los derechos de las trabajadoras y la igualdad salarial.

Su triunfo académico no fue solamente personal. En una Italia todavía profundamente conservadora, aquella joven médica estaba demostrando que una mujer podía ocupar espacios intelectuales y profesionales reservados casi exclusivamente a los hombres.

 

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Desde la medicina hasta la pedagogía

Después de graduarse, Montessori trabajó en el Hospital Santo Spirito de Roma, donde atendió especialmente a personas pobres y a niños. En 1897 comenzó a colaborar con la clínica psiquiátrica de la Universidad de Roma y entró en contacto con niños que presentaban diferentes discapacidades intelectuales y dificultades de aprendizaje.

Aquella experiencia cambiaría su vida.

Montessori observó que muchos de aquellos niños no necesitaban únicamente tratamiento médico: necesitaban estimulación, materiales adecuados, contacto humano y oportunidades para desarrollar sus capacidades.

Estudió entonces las investigaciones de los franceses Jean-Marc Itard y Édouard Séguin, pioneros en la educación de niños con discapacidades. En 1900 se convirtió en codirectora de la Escuela Ortofrénica de Roma, donde comenzó a experimentar con materiales didácticos y métodos basados en la observación.

La experiencia resultó reveladora. Algunos de aquellos niños llegaron a alcanzar resultados comparables a los de estudiantes considerados "normales" en los exámenes oficiales.

Montessori empezó entonces a preguntarse algo revolucionario para la época: si esos niños podían aprender mediante métodos adecuados, quizá el problema no estuviera solamente en ellos, sino también en el sistema educativo en el que estaban aprendiendo.

 

Madre soltera en una época difícil

La vida privada de Montessori también estuvo marcada por una circunstancia que durante años mantuvo en un ámbito estrictamente reservado. En 1897 comenzó una relación sentimental con el médico Giuseppe Montesano, su compañero en la clínica psiquiátrica. En 1898 nació el hijo de ambos, Mario Montessori.

Las convenciones sociales de la época hacían prácticamente imposible que una mujer profesional y soltera tuviera un hijo sin afrontar un enorme estigma. Mario fue confiado inicialmente al cuidado de una familia del campo y durante sus primeros años Maria Montessori mantuvo una relación discreta con él. El joven no supo sino hasta sus 15 años que esa “tía” era en realidad su madre.

Con el tiempo, sin embargo, la relación entre ambos se hizo estrechísima. Mario se convertiría en su principal colaborador, viajó con ella por el mundo, la ayudó en los cursos y continuó su trabajo incluso años después de la muerte de Maria.

 

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La Casa dei Bambini y una revolución silenciosa

El gran punto de inflexión llegó en 1907. En el barrio romano de San Lorenzo se había desarrollado un proyecto para alojar a familias trabajadoras. Los padres pasaban buena parte del día fuera de casa y los niños permanecían sin supervisión.

Por ese motivo, los responsables del proyecto pidieron ayuda a Montessori. El 6 de enero de 1907 abrió sus puertas la primera Casa dei Bambini, la "Casa de los Niños". Lo que comenzó como un proyecto social destinado a unos cincuenta pequeños terminó convirtiéndose en el laboratorio de una de las mayores revoluciones pedagógicas del siglo XX.

Montessori colocó en el aula muebles adaptados al tamaño de los niños, materiales manipulables, objetos para desarrollar los sentidos y actividades relacionadas con la vida cotidiana. La idea fundamental era radical: el maestro no debía ser el centro absoluto de la clase.

Su función consistía en preparar el ambiente, observar y acompañar para permitir que el niño eligiera determinadas actividades, trabajara a su propio ritmo y descubriera progresivamente sus capacidades. Montessori llamó a ese proceso autoeducación.

Los resultados sorprendieron incluso a la propia educadora. Los niños desarrollaron una concentración poco habitual, aprendieron a leer y escribir a edades tempranas y comenzaron a mostrar una autonomía que no era habitual en los modelos escolares tradicionales.

 

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De Roma para el mundo

En 1909 Montessori organizó su primer curso de formación para docentes y escribió sus experiencias en Il metodo della pedagogia scientifica applicato all'educazione infantile nelle Case dei Bambini.

La obra fue traducida al inglés en 1912 como The Montessori Method y se convirtió rápidamente en un éxito editorial en Estados Unidos. Llegó al segundo puesto entre los libros de no ficción más vendidos del país y posteriormente fue traducida a numerosos idiomas. La expansión fue extraordinariamente rápida. En ese país estableció la primera Casa dei Bambini junto a Alexander Graham Bell —inventor del teléfono— y su hija.

Para 1913 ya había cursos internacionales en los que participaban estudiantes procedentes de Europa, Estados Unidos, Canadá, India, China, Filipinas, Australia y Sudáfrica. Escuelas y sociedades Montessori comenzaron a aparecer en distintos países.

En 1929, junto con Mario, fundó la Association Montessori Internationale (AMI), institución creada para preservar, desarrollar y difundir su legado pedagógico.

 

¿En qué consiste realmente el método Montessori?

Aunque existen numerosas interpretaciones y adaptaciones, el método original se sostiene sobre algunos principios fundamentales.

El primero es el respeto por el ritmo individual. Los niños no son considerados receptores pasivos de información, sino personas con una capacidad natural para aprender.

El segundo es el llamado ambiente preparado: un espacio cuidadosamente organizado, accesible y adaptado al niño, en el que los materiales están disponibles y pueden ser utilizados de forma autónoma.

Otro elemento esencial es el aprendizaje mediante la experiencia. En lugar de limitarse a escuchar explicaciones, el niño toca, ordena, clasifica, construye, compara y experimenta.

 

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Los materiales Montessori suelen estar diseñados para proporcionar una retroalimentación inmediata. El propio niño puede descubrir el error y corregirlo sin depender permanentemente del adulto.

Y existe una idea especialmente importante: libertad no significa ausencia de límites. La autonomía se desarrolla dentro de un ambiente ordenado y con reglas de convivencia.

 

Sistema educativo centrado en el niño

La verdadera revolución Montessori no consistió solamente en crear determinados juguetes educativos o cambiar el mobiliario de las aulas, fue mucho más profunda.

Montessori modificó la mirada sobre la infancia. En lugar de contemplar al niño como un adulto incompleto al que había que llenar de conocimientos, propuso considerarlo un ser humano en proceso de construcción, con necesidades psicológicas y capacidades propias.

Esa concepción influyó poderosamente en la llamada educación nueva y en numerosas corrientes de pedagogía activa del siglo XX. La UNESCO ha destacado la importancia histórica de Montessori dentro de la renovación de la educación y la formación centrada en el desarrollo humano. En una intervención ante la organización se recordó que su filosofía entendía la educación como una ayuda para la vida y concedía especial importancia al desarrollo del niño desde los primeros años.

 

Viaje a la India

La trayectoria internacional de Montessori no estuvo exenta de condicionamientos políticos. Durante los primeros años del régimen de Benito Mussolini, Montessori llegó a colaborar inicialmente con las autoridades italianas y el movimiento recibió reconocimiento oficial. Pero la relación terminó deteriorándose cuando el fascismo quiso utilizar las escuelas dentro de su estructura política y de adoctrinamiento.

En 1933 los nazis cerraron las escuelas Montessori de Alemania y llegaron a quemar libros de la educadora. Tres años después, tras su negativa a colaborar con los planes fascistas italianos, las escuelas Montessori fueron clausuradas en Italia.

Poco después la educadora abandonaría Italia para radicarse en Barcelona, pero la Guerra Civil española también la obligó a huir de ese país en 1936. 

En 1939 viajó a la India junto a Mario para impartir un curso que debía durar solamente tres meses. La Segunda Guerra Mundial modificó todos sus planes: como ciudadana italiana, Montessori quedó bajo arresto domiciliario y Mario fue detenido por las autoridades británicas.

 

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Finalmente, Mario fue liberado en 1940, justo el día del 70º cumpleaños de su madre, y ambos permanecieron en la India hasta 1946, país en el que lograron formar a más de 1.500 docentes.

Aquellos años fueron fundamentales. Montessori entró en contacto con figuras como Mahatma Gandhi, Jawaharlal Nehru y Rabindranath Tagore, y desarrolló con mayor profundidad la llamada Educación Cósmica, destinada a niños de entre 6 y 12 años y basada en una visión interconectada de la naturaleza, la humanidad y el universo.

 

Influencias que llegan hasta el presente

Más de un siglo después de aquella primera Casa dei Bambini, la pedagogía Montessori continúa extendida por numerosos países.

Su influencia puede encontrarse en conceptos que hoy ya no parecen tan innovadores como en 1907: aprendizaje activo, autonomía, educación personalizada, aulas adaptadas al niño, materiales manipulativos y respeto por los diferentes ritmos de aprendizaje.

La investigación contemporánea también ha tratado de medir sus resultados. Un metaanálisis publicado en 2023, que reunió 33 estudios experimentales o cuasiexperimentales y más de 21.000 participantes, encontró efectos positivos de la educación Montessori en distintas áreas, aunque con magnitudes variables y con importantes diferencias entre estudios. Los autores observaron efectos positivos en capacidades cognitivas, habilidades sociales, creatividad, habilidades motoras y rendimiento académico.

 

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Eso no significa que todas las afirmaciones asociadas al método estén demostradas de igual manera. La investigación académica también señala variabilidad metodológica y resultados inconsistentes en determinadas áreas, por lo que Montessori continúa siendo objeto de estudio y debate científico.

Su influencia, sin embargo, resulta indiscutible desde el punto de vista histórico: la pedagogía occidental ya no volvió a contemplar al niño exactamente de la misma manera.

 

Su pensamiento en frases

Las palabras de Montessori permiten comprender mejor que cualquier resumen la filosofía que quiso trasladar a las aulas.

«Nunca ayudes a un niño en una tarea en la que siente que puede tener éxito.»

En esta frase aparece condensada una de las columnas vertebrales de su pensamiento: la educación no debe significar asistencia permanente, sino orientación y guía.

Otra de sus formulaciones más conocidas afirma:

«El niño es una esperanza y una promesa para la humanidad.»

La frase revela la dimensión social de su pensamiento. Para Montessori, educar no era solamente preparar a un individuo para conseguir buenas calificaciones o un empleo. Era contribuir a construir una sociedad diferente.

Con respecto a los educadores, sostenía:

«La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: Ahora los niños trabajan como si yo no existiera.»

En un claro manifiesto de que el maestro solo traza los lineamientos, para dejar al alumno desarrollar su propia iniciativa.

Y probablemente una de sus expresiones más reveladoras sobre el papel del educador sea:

«La educación es una ayuda para la vida.»

No se trataba, por tanto, de convertir la escuela en un lugar de mera transmisión de conocimientos. El propósito era acompañar el desarrollo integral de la persona.

 

Candidata al Nobel de la Paz

La última etapa de su vida estuvo marcada por el reconocimiento internacional. Montessori recibió numerosas distinciones y continuó impartiendo cursos y conferencias incluso después de cumplir 70 años. En 1949 recibió la primera de tres nominaciones al Premio Nobel de la Paz, aunque nunca obtuvo el galardón.

Su interés por la paz tampoco era una cuestión secundaria. Después de haber vivido dos guerras mundiales y el auge de los totalitarismos europeos, estaba convencida de que la educación infantil podía convertirse en una herramienta para prevenir la violencia y el fanatismo.

En 1951 participó en el IX Congreso Internacional Montessori celebrado en Londres. Fue una de sus últimas grandes apariciones públicas.

 

Una vida dedicada a la infancia

Maria Montessori murió el 6 de mayo de 1952, a los 81 años, en la localidad neerlandesa de Noordwijk aan Zee, mientras se encontraba preparando un viaje a Ghana para continuar trabajando por la educación. Sus restos descansan en un pequeño cementerio católico en esa misma ciudad, en una sepultura con forma de círculo abierto, y su epitafio reza: «Ruego a los queridos y todopoderosos niños que se unan a mí para crear la paz en el hombre y en el mundo».

 

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Había nacido en una época en la que una mujer que pretendiera estudiar medicina debía enfrentarse a obstáculos extraordinarios y murió convertida en una de las figuras más influyentes de la historia de la pedagogía.

 

Revolución educativa que sigue vigente

La mayor prueba del legado de Maria Montessori quizá no esté en sus libros ni en las instituciones que llevan su nombre, sino en una idea que terminó filtrándose hacia la educación convencional: los niños no necesitan únicamente que se les enseñe; necesitan que se les permita descubrir.

La médica que comenzó estudiando a niños con dificultades terminó desarrollando una concepción universal de la infancia. Su método fue adoptado, discutido, adaptado y también cuestionado, pero nunca dejó de provocar interés.

Más de un siglo después de la apertura de aquella modesta Casa dei Bambini romana, la figura del niño como protagonista de su propio aprendizaje forma parte del lenguaje habitual de la pedagogía occidental.

Y ese quizá sea el legado más profundo de Maria Montessori: haber conseguido que la educación dejara de preguntarse únicamente qué debe enseñar el adulto y comenzara a preguntarse también qué necesita el niño para aprender por sí mismo.

 

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Con información e imágenes de:

Association Montessori Internationale

Britannica

UNESCO

Science Direct