Una obra ambiciosa y sin reservas
El cuarto álbum de Queen, A Night at the Opera, fue grabado entre agosto y noviembre de 1975 —en diversos estudios en Gales e Inglaterra— y lanzado a finales de ese mes como LP. El título no es casual: es un homenaje a la película de los hermanos Marx, A Night at the Opera, de 1935, artistas de los cuales los músicos británicos eran admiradores.
La banda jamás ocultó la referencia a aquel clásico de 1935. De hecho, su siguiente álbum, publicado en 1976, continuó con el homenaje: Un día en las carreras (A Day at the Races) tomó el título de otra película de los Hermanos Marx de 1937.
La conexión se hizo personal, ya que tras el éxito de los álbumes, Groucho Marx —el único de los hermanos que aún vivía en esa época— se puso en contacto con la banda. Les envió una carta en la que elogiaba su música. Y en marzo de 1977, los cuatro integrantes de Queen visitaron a Groucho en su casa de Los Ángeles, un encuentro memorable que fortaleció el tributo. Incluso le cantaron una versión a capella de su canción "'39".

Con este épico album, Queen elevó su sonido hacia una grandiosidad sin complejos, mezcló rock duro, pop refinado, música de salón, elementos operísticos, de jazz y progresivos.
En 12 canciones, el cuarteto británico demostró que tenía mucho más para dar que lo que había traído en sus tres álbumes anteriores.
1. “Death on Two Legs (Dedicated To…)”
Composición de Freddie Mercury, quien también asume la voz principal. Es una pieza de rock duro, cargada de ira y sarcasmo, que abre el álbum con contundencia. Mercury la escribió como una especie de «carta de odio» hacia su antiguo mánager —a quien, obviamente, no menciona de manera directa. La letra es punzante y socarrona, respaldada por la agresiva guitarra de May, y el piano eléctrico de Mercury, reflejo del momento de tensión de la banda.
2. “Lazing on a Sunday Afternoon”
También compuesta y cantada por Freddie Mercury, esta canción propone un ambiente ligero, casi de salón británico, con piano honky-tonk y una interpretación juguetona. Su duración es breve y el tono contrasta completamente con el explosivo inicio del álbum. Es una especie de descanso cómico antes de nuevos giros estilísticos.
3. “I’m in Love with My Car”
Aquí entra la voz y autoría de Roger Taylor —el baterista de la banda— quien canta esta oda a la pasión por los automóviles, con efectos sonoros de motor al final. El guitarrista Brian May reproduce después la parte de Taylor que grabó en su demo. Una curiosa muestra de humor y auto-referencia en el álbum.
4. “You’re My Best Friend”
Composición de John Deacon, quien también toca el piano eléctrico Wurlitzer en la grabación, y Freddie Mercury pone la voz principal. Es un tema pop melódico, optimista, que se convirtió en single exitoso. Una de las canciones más accesibles del disco, que equilibra la diversidad sonora del álbum.
5. “‘39”
De la autoría del guitarrista Brian May, que también canta la voz principal en la versión de estudio. La canción tiene influencias folk y acústicas e incluso un contrabajo clásico ejecutado por Deacon. La letra cuenta una historia de exploradores espaciales: desde su punto de vista, ha pasado un año, pero en la Tierra han transcurrido cien. May consigue aquí un tono narrativo, más sereno, que contrasta con el dramatismo del resto.
6. “Sweet Lady”
Composición de Brian May, que también canta. Se trata de un rocker rápido, pesado para los estándares del álbum, con guitarras enérgicas. Aunque quizá menos recordada que otras pistas, sirve para reafirmar que Queen no olvidaba su cara más rockera, como en sus anteriores trabajos.

7. “Seaside Rendezvous”
Otra pieza de Mercury, cuya voz también lidera. Esta canción adopta un aire de música de salón —estilo foxtrot o ragtime— y contiene una sección central en la que Mercury y Taylor imitan instrumentos de viento y kazoo con sus voces. Un ejercicio juguetón y teatral que muestra la versatilidad del grupo y cierra el lado A del álbum de una manera ligera.
8. “The Prophet’s Song”
Una de las piezas más ambiciosas de Brian May, quien da la voz principal, y del álbum: supera los ocho minutos de duración, con múltiples secciones, coros a capella, guitarras que evocan una atmósfera apocalíptica (May se inspiró en un sueño sobre una gran inundación). Es una fuerte apertura al lado B del álbum antes de la carga emocional que sigue.
9. “Love of My Life”
Compuesta por Freddie Mercury —voz principal en estudio— y con Brian May al arpa y guitarra acústica, esta balada íntima se convirtió en favorito de los fans, especialmente en vivo. Una de las facetas más sensibles del disco, de gran sencillez y muy emocional.
10. “Good Company”
Otra composición de Brian May, también cantada por él, que mezcla estilo jazz/dixieland con su guitarra Red Special emulando instrumentos de viento y ukulele. Mercury no participa en la grabación de esta pista. Es un momento de diversión instrumental dentro del álbum.
11. “Bohemian Rhapsody”
El gran hito del álbum. Compuesta por Freddie Mercury, con solos de guitarra de May, y grabada con un despliegue vocal monumental de Mercury, May y Taylor, esta suite-epopeya de rock y ópera cambió las reglas del juego. Fue lanzada como single el 31 de octubre de 1975 como avance del álbum. Con múltiples secciones: balada, ópera, hard rock, coda, y sin estribillo tradicional, se volvió la canción emblemática de la banda. Curiosamente, pese a sus seis minutos de duración —demasiado para la radio de entonces— se convirtió en un hit que atravesó generaciones hasta hoy. Junto a We will rock you, We are the champions y Another one bites the dust, sigue siendo de las canciones más emblemáticas de la banda.
12. “God Save the Queen”
Pista instrumental arreglada por Brian May a partir del himno nacional británico, ejecutada con guitarras y un fondo de redoblante de Taylor, oficia como cierre del álbum. Es una muestra de ironía, patriotismo y grandiosidad final, como un aplauso deliberado.

Un antes y después en la historia del rock
A Night at the Opera no es solo una colección de canciones, sino un manifiesto de ambición creativa. Desde el primer tema hasta el cierre con “God Save the Queen”, la banda desplegó su capacidad para mezclar estilos —rock contundente, pop melódico, folk, jazz-salón, progresivo, operístico— sin perder su identidad. Que el título sea un homenaje directo a la película de los hermanos Marx añade un guiño de humor y auto-consciencia: una noche en la ópera como metáfora de su propio espectáculo, su propio grand-guignol del rock.
En su momento, el álbum supuso para Queen un salto cualitativo: produjo su primer número uno en Reino Unido, y fue el que los catapultó a la categoría de superestrellas. Hoy, al cumplir 50 años, sigue siendo referencia ineludible para entender la evolución del rock.
Con información e imágenes de:
queenvault.com
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