Borges y el Nobel que nunca llegó: la eterna candidatura que se convirtió en leyenda

Borges y el Nobel que nunca llegó: la eterna candidatura que se convirtió en leyenda

Jorge Luis Borges fue nominado al Premio Nobel de Literatura en 15 ocasiones, pero murió en 1986 sin recibirlo. A 127 años de su nacimiento, la historia de aquella distinción esquiva sigue mezclando razones literarias, políticas, personales y, sobre todo, una formidable ironía borgiana.


 

El escritor que parecía destinado al Nobel

Pocas ausencias resultan tan llamativas en la historia del Premio Nobel de Literatura como la de Jorge Luis Borges . El escritor argentino, nacido el 24 de agosto de 1899, construyó una obra que revolucionó la literatura en español y ejerció una influencia extraordinaria sobre escritores de todo el mundo. Ficciones, El Aleph, El libro de arena, Historia universal de la infamia y su poesía modificaron la manera de entender el cuento, la ficción fantástica, el tiempo, los laberintos, los espejos y hasta la propia naturaleza de la literatura.

Sin embargo, cuando se repasan los grandes nombres que nunca recibieron el máximo galardón literario internacional, Borges ocupa probablemente el primer lugar.

La documentación oficial de la Fundación Nobel confirma que fue candidato en 15 ocasiones entre 1956 y 1975, y totalizó 42 nominaciones de prestigiosas universidades y de la propia Academia Sueca.

El premio, sin embargo, nunca llegó.

 

Una candidatura que se convirtió en ritual

Durante décadas, la llegada de octubre se transformó en una suerte de ritual alrededor de Borges. Los periodistas argentinos aguardaban el anuncio de Estocolmo y las llamadas telefónicas se sucedían en torno al escritor. Año tras año aparecía entre los nombres mencionados, pero el resultado terminaba siendo el mismo.

Borges convirtió aquella situación en material para su particular sentido del humor.

En 1976, cuando ya llevaba años instalado en el imaginario colectivo como el eterno candidato, explicó que aquella condición significaba que "todavía existía gente sensata en Suecia" y añadió que seguiría siendo el futuro Nobel, aunque "desde el momento en que nací he dejado de ganarlo".

La ironía era muy borgiana: convertir una frustración en una pieza de literatura.

 

jorge-luis-borges-retrato-2
 

Cuando estuvo más cerca

Aunque Borges fue candidato durante décadas, 1967 aparece como uno de los años fundamentales para comprender por qué nunca consiguió el premio.

La apertura de los archivos de la Academia Sueca, que mantiene en secreto durante medio siglo la documentación relacionada con las deliberaciones, permitió conocer algunos detalles de aquella candidatura.

Borges figuraba entonces entre los aspirantes considerados seriamente junto al guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el británico Graham Greene. Finalmente, el galardón fue para Asturias.

El entonces presidente del Comité Nobel de Literatura, Anders Österling, había expresado reservas sobre la obra de Borges, a la que consideraba demasiado exclusiva o artificial en su elaboración.

Aquella valoración resulta especialmente reveladora porque demuestra que el problema no fue necesariamente político desde el comienzo. Existieron también objeciones estrictamente literarias dentro de la Academia.

Para algunos sectores de la crítica sueca de la época, la escritura de Borges era demasiado intelectual, hermética y alejada del tipo de compromiso humanista que esperaban encontrar en un candidato al Nobel.

 

Laberintos que no convencieron a Estocolmo

La ironía histórica resulta casi perfecta. Precisamente aquellas características que hoy convierten a Borges en uno de los escritores más influyentes del siglo XX —la condensación, la erudición, los juegos intelectuales, la metaficción, los laberintos y la construcción de universos infinitos en unas pocas páginas— pudieron convertirse en obstáculos ante algunos miembros del comité.

Borges no construía grandes novelas de cientos de páginas. Prefería el cuento como artefacto de precisión, capaz de contener una biblioteca, una civilización o una paradoja metafísica en unas cuantas páginas.

El argumento de Österling sobre aquel "arte en miniatura" resulta, visto desde el presente, particularmente paradójico. Lo que entonces podía parecer una literatura demasiado cerebral terminó convirtiéndose en una de las mayores influencias sobre la narrativa contemporánea.

 

Artur Lundkvist: la enemistad que pudo pesar

A la cuestión estética se añadió otro elemento mucho más personal. El poeta y escritor sueco Artur Lundkvist era una figura influyente dentro del mundo literario de su país y posteriormente se convirtió en miembro de la Academia Sueca. Borges había mantenido con él una relación ambivalente y, según los testimonios recogidos por biógrafos como María Esther Vázquez, llegó a realizar comentarios burlones sobre su poesía.

Lundkvist, por su parte, había contribuido a difundir la literatura latinoamericana en Suecia y conocía bien la obra de Borges.

 

artur-lundkvist


 

La versión de que aquella enemistad personal habría contribuido a bloquear las posibilidades del argentino se convirtió con los años en una de las explicaciones más repetidas.

No obstante, conviene distinguir entre lo documentado y lo legendario: los archivos de la Academia permiten conocer las objeciones de algunos miembros, pero no demuestran por sí solos que Lundkvist haya tenido capacidad individual para impedir el premio a Borges.

 

El episodio chileno

La dimensión política adquirió mucho más peso en la década de 1970. En septiembre de 1976, Borges viajó a Chile para recibir un doctorado honoris causa de la Universidad de Chile. Allí se entrevistó con el dictador Augusto Pinochet, quien encabezaba el régimen militar que había tomado el poder tres años antes.

El encuentro tuvo consecuencias duraderas para la imagen política del escritor. Borges elogió públicamente a Pinochet y pronunció un discurso en el que defendió la idea de una "patria fuerte" frente a la violencia política. Poco después declaró que estaba de acuerdo con el gobierno militar chileno.

Aunque años más tarde reconocería su error y se distanciaría de aquellas declaraciones, en su momento sonaron demasiado impactantes a los oídos de la opinión pública internacional de la época. La dictadura chilena estaba siendo denunciada por sus violaciones de los derechos humanos y el gesto de Borges hacia Pinochet provocó fuertes críticas.

 

¿Realmente perdió el Nobel por Pinochet?

Durante décadas se instaló la explicación de que Borges había perdido definitivamente el Nobel por su visita a Chile. Para mediados de los 70, Suecia estaba acogiendo a exiliados chilenos que huían de la dictadura militar, y el tema derechos humanos en Chile estaba en boca de todos los suecos, incluyendo a los miembros de la Academia.

La propia María Kodama contó posteriormente que antes del viaje habría recibido una llamada procedente de Suecia en la que se le habría advertido de las consecuencias que podía tener su encuentro con Pinochet. Borges, según el testimonio, decidió viajar de todas formas.

 

jorge_luis_borges-retrato-3
 

El propio escritor, años después, relató que alguien relacionado con Estocolmo le había hecho saber que su encuentro con Pinochet había perjudicado seriamente sus posibilidades.

Pero la historia es más compleja.

Los documentos de la Academia Sueca que se han hecho públicos demuestran que las reservas hacia Borges existían desde mucho antes de 1976. Por eso resulta excesivo afirmar que Pinochet fue la única causa de su exclusión.

Lo más probable es que se tratara de una combinación de factores: reservas estéticas, posiciones políticas controvertidas, circunstancias internacionales y posibles conflictos personales.

 

Un escritor políticamente contradictorio

La relación de Borges con la política fue siempre compleja. Fue un feroz opositor de Juan Domingo Perón, al punto de que su enfrentamiento con el peronismo marcó buena parte de su trayectoria pública. También expresó opiniones profundamente críticas hacia la democracia y mostró una inclinación conservadora que chocaba con buena parte de la intelectualidad progresista de su época.

 

jorge-luis-borges-portada
 

En 1976 llegó a declarar que la democracia era una "superstición, basada en la estadística". Sin embargo, su pensamiento político tampoco puede reducirse a una etiqueta sencilla. Borges evolucionó, modificó posiciones y posteriormente manifestó arrepentimiento por algunas de sus declaraciones más polémicas.

Precisamente esa complejidad explica por qué el debate sobre el Nobel continúa siendo tan intenso: no existe una sola razón capaz de explicar por qué nunca lo recibió.

 

Una obra que terminó siendo más grande que el premio

De todos modos, Borges recibió durante su vida otros reconocimientos internacionales de enorme importancia. En 1961 compartió con Samuel Beckett el Premio Internacional de Literatura Formentor, que contribuyó decisivamente a su consagración internacional.

También recibió el Premio Cervantes en 1979, el Balzan en 1980 y numerosas distinciones académicas y honoríficas.

Su prestigio internacional terminó siendo tan grande que la ausencia del Nobel comenzó a producir un efecto paradójico: el premio parecía quedar incompleto sin él.

La lista de escritores que recibieron el Nobel mientras Borges permanecía fuera —algunos hoy mucho menos leídos— alimentó todavía más la sensación de que había existido una injusticia histórica. Pero Borges, fiel a sí mismo, terminó convirtiendo aquella ausencia en parte de su propia leyenda.

 

"Tradición escandinava"

La frase que terminó de sellar el mito apareció como una de sus grandes salidas irónicas. Borges resumió la situación diciendo que no recibir el Nobel se había convertido en una tradición escandinava: lo nominaban y no se lo concedían, año tras año.

En otra formulación, registrada en torno a los últimos años de su vida, llegó a considerar que aquella repetición constituía una especie de forma de inmortalidad.

La frase tiene algo de genialmente borgiano.

El escritor que había convertido el tiempo, la memoria y la eternidad en obsesiones literarias terminó encontrando una manera de convertir también su fracaso ante el Nobel en un juego con la inmortalidad.

El premio podía faltar en su biografía. La literatura que lo hizo candidato durante tres décadas no podía ser borrada.

 

borges-nunca-premio-nobel
 

El último octubre

Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986, a los 86 años. El Nobel continuó existiendo después de él, pero la posibilidad de que finalmente apareciera su nombre quedó definitivamente cerrada.

Ese mismo año, la Academia Sueca concedió el premio al escritor nigeriano Wole Soyinka, quien se convirtió en el primer africano en recibir el Nobel de Literatura.

Borges ya no estaba allí para esperar la llamada.

Su muerte cerró una de las historias más prolongadas y curiosas de la relación entre un escritor y el máximo galardón literario internacional.

 

Reconocimiento que Borges terminó ganando de otra manera

Hoy, a 127 años de su nacimiento, resulta difícil sostener que el Nobel sea necesario para medir la importancia de Borges.

Sus cuentos continúan siendo traducidos, estudiados y reinterpretados. Sus conceptos de laberinto, biblioteca infinita, doble, sueño, espejo y tiempo circular forman parte del imaginario universal.

Ficciones y El Aleph siguen siendo libros de referencia para generaciones de escritores. Su influencia puede encontrarse en autores tan distintos como Italo Calvino, Umberto Eco , Gabriel García Márquez , Julio Cortázar y Paul Auster.

El Nobel habría añadido una línea a su biografía. Pero el escritor argentino consiguió algo más difícil: convertirse en un clásico sin necesitar que Estocolmo lo certificara.

Y quizás ahí reside la ironía final de esta historia. Borges pasó décadas esperando un premio que nunca llegó, mientras construía una obra que terminó sobreviviendo a prácticamente todos los nombres que compitieron con él por aquella distinción.

El Nobel no encontró un lugar para Borges. La literatura universal, en cambio, hace mucho que se lo reservó.

 

jorge-luis-borges-b-n


 

 

 

 

 

Con información e imágenes de: 

Nobel Prize

Ministerio de Cultura de la República Argentina

La Nación