La génesis de la película
La producción de El chico surgió en un momento pivotal para Charles Chaplin, quien a sus 30 años buscaba expandir su arte más allá de los cortos de Charlot. Inspirado en su propia infancia en los barrios pobres de Londres, marcada por la pobreza, orfanatos y la ausencia paterna, Chaplin plasmó experiencias personales en el guion, por lo que reflejó el contexto de la posguerra y la transición del cine mudo.
El filme se rodó entre 1919 y 1920, en medio de desafíos personales como el divorcio de su primera esposa y la muerte de su hijo recién nacido, impactos personales que le infundieron enorme profundidad emocional.
Producción y rodaje
El rodaje duró casi seis meses —un tiempo inusual para la época— y llegó a acumular 150.000 metros de negativo, lo que le permitió a Chaplin como director priorizar las emociones sobre la técnica. Producida por First National Pictures, la película enfrentó resistencias iniciales por su longitud de seis rollos, lo que llevó a Chaplin a trasladar el material fuera de California para negociar mejores términos.

El enfoque dickensiano en la narrativa, que combina ternura y crítica social, estableció un nuevo estándar en el cine, más allá de que el celuloide no incluía diálogos.
Elenco y actuaciones destacadas
Chaplin interpretó a Charlot, el vagabundo icónico, mientras que el joven Jackie Coogan, descubierto en un vodevil, encarnó al niño. Ambos se unieron en una química paternal que trascendió la pantalla. Edna Purviance, habitual colaboradora, asumió el rol de la madre, aunque enfrentó problemas personales durante la filmación.
Coogan, quien décadas más tarde destacó en roles como el tío Lucas en La familia Addams, se convirtió en una estrella infantil, aunque lamentablemente su fortuna fue mal gestionada por su familia. La gestualidad de Chaplin y la inocencia de Coogan equilibran humor frenético con momentos de profunda emotividad.

Recepción de la crítica
Al estrenarse el 6 de febrero de 1921, El chico fue un éxito rotundo, y llogró dar el primer paso para cambiar el cine al usar el humor como herramienta de crítica social y emocional. Chaplin la remasterizó en 1971 con una nueva banda sonora, y su influencia persiste en versiones digitalizadas para nuevas generaciones.
Considerada una obra imperecedera que combina carcajadas y lágrimas, este largometraje lanzó a Chaplin como genio del séptimo arte. A 105 años de su estreno, aún resalta su frescura narrativa, y es obra recomendada para cualquier cultor del cine clásico.
Con información e imágenes de:
El País
IMdB
RTVE