De un niño checo que perdió a sus padres en Auschwitz y Buchenwald a uno de los cineastas más premiados de Hollywood. Miloš Forman convirtió cada golpe del destino en combustible creativo y dejó obras maestras que siguen desafiando el poder y celebrando la libertad individual.
Jan Tomáš Forman nació el 18 de febrero de 1932 en Čáslav, Checoslovaquia, en el seno de una familia protestante de clase media. A los diez años ya era huérfano: su madre, Anna, murió en Auschwitz en 1943; su padre, Rudolf —arrestado por distribuir libros prohibidos—, pereció en Buchenwald en 1944. Décadas después descubriría que su padre biológico era en realidad un arquitecto judío llamado Otto Kohn, sobreviviente del Holocausto.
Criado por tíos y amigos de la familia, estudió en el internado público de Poděbrady, donde compartió pupitre con Václav Havel —quien llegaría a la presidencia de Checoslovaquia en 1989— y los hermanos Mašín, legendarios resistentes anticomunistas. Esa escuela, dijo Forman años después, "fue mi verdadera universidad de la vida”, porque allí aprendió que la rebeldía podía ser un acto de supervivencia.
La formación: de guionista a alumno estrella de la FAMU
Tras la guerra, Forman entró en la prestigiosa Facultad de Cine de Praga (FAMU), donde se graduó en dirección. Trabajó como asistente de Alfréd Radok en el teatro Laterna Magika y empezó a escribir guiones. En 1958 se casó con la actriz Jana Brejchová —se divorciarían ocho años después— y en 1964 formaría pareja con la también actriz Věra Křesadlová, con quien tuvo a sus gemelos Petr y Matěj.
Su debut como director fue Pedro el negro (1964), una comedia agridulce sobre un adolescente en su primer trabajo que ganó el Leopardo de Oro en Locarno y anunció la llegada de una voz fresca y auténtica.
La Nueva Ola Checoslovaca: los años dorados y la sátira prohibida
Forman se convirtió en el rostro más visible de la Nueva Ola Checoslovaca junto a Vera Chytilová, Jiří Menzel e Ivan Passer. Los amores de una rubia (1965) —nominada al Oscar y rodada con actrices no profesionales reclutadas en una fábrica— fue un éxito mundial y sigue siendo una de las comedias más humanas jamás filmadas.
Luego vino ¡Al fuego, bomberos! (1967), una obra maestra del absurdo-satírica sobre un baile de bomberos que termina en caos total. La película se leyó como una crítica directa al burocratismo comunista y fue prohibida tras la invasión soviética. Forman la presentó en el Festival de Cannes de 1968 y, cuando regresó a Praga, los tanques ya estaban en las calles.
El exilio: perderlo todo para ganarlo todo
En agosto de 1968, mientras negociaba en París su primera película estadounidense, el Pacto de Varsovia aplastó la Primavera de Praga. El estudio checo lo despidió por “salida ilegal del país”. Forman decidió no volver. Llegó a Nueva York con una maleta, 300 dólares y sin saber hablar inglés. Durante años vivió en el Chelsea Hotel, ese refugio de artistas malditos, y enseñó en la Universidad de Columbia junto a su amigo František Daniel.
Su debut americano, Taking Off (1971), fue un fracaso comercial que casi lo hunde, pero demostró que su mirada irónica sobre la sociedad funcionaba también en Occidente.
La explosión en Hollywood: de “Atrapado sin salida” a “Amadeus”
En 1975 llegó Atrapado sin salida, que barrió los cinco Oscars principales y convirtió a Forman en estrella instantánea. Nueve años después repitió hazaña con Amadeus (1984), ocho estatuillas incluyendo Mejor Película y Mejor Director por segunda vez. Solo tres directores en la historia han ganado dos Oscars seguidos a Mejor Director: Forman, John Ford y Joseph L. Mankiewicz.
Entre medio dirigió Hair (1979), Ragtime (1981) y más tarde Valmont (1989), El pueblo contra Larry Flynt (1996) —por la que ganó el Oso de Oro en Berlín y otro Globo de Oro— y Man on the Moon (1999), retrato magistral de Andy Kaufman con Jim Carrey.
Sus últimas películas fueron Los fantasmas de Goya (2006), con Javier Bardem y Natalie Portman, y Un paseo bien pagado (2009), su regreso al checo después de cuarenta años.
Vida personal: tres matrimonios, cuatro hijos y una frase que lo definió todo
Forman se casó por tercera vez en 1999 con Martina Zbořilová, 34 años menor que él, con quien tuvo otros gemelos, Jim y Andy. Vivió entre Connecticut y Praga, siempre con humor checo y esa mezcla de melancolía y vitalidad. Una de sus frases más impactantes:
“En Checoslovaquia hacía películas sobre gente que quería ser libre. En Estados Unidos hago películas sobre gente que es libre y no sabe qué hacer con esa libertad”.
El final de la función
Miloš Forman falleció el 13 de abril de 2018 en Danbury, Connecticut, a los 86 años, tras una breve enfermedad. Hasta el último día mantuvo su ironía, y cuando le preguntaron si tenía miedo a la muerte, respondió: “Solo espero que no me pongan música de Mozart en el funeral”.
Su legado son películas que no envejecen, que siguen gritando lo mismo que él vivió: la rebeldía ante el autoritarismo.
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