Se cumple el décimo aniversario del fallecimiento de Salomé Olivares, emblemática bailarina que dedicó su vida al priprí o merengue de palo echa’o. A los 94 años, dejó un legado que fusiona raíces africanas y dominicanas, para preservar tradiciones orales y danzas que enriquecen la identidad cultural del país.
El 10 de febrero de 2016, Salomé Olivares falleció a los 94 años en su residencia de Villa Mella, un suceso que coincidió exactamente con la conmemoración del Día Nacional del Folklore. Parecía que el destino le tenía reservada esta alineación temporal, que subrayó la profunda conexión de su vida con las tradiciones populares dominicanas y convirtió su partida en un momento reflexivo para la comunidad cultural. Su sepelio se realizó al día siguiente, en un acto que reunió a familiares y admiradores.
La nieta y comadre de Olivares, Marilyn Ramírez, compartió detalles sobre su vida cotidiana, y destacó cómo la bailarina mantuvo viva la esencia del folklore hasta sus últimos días. Esta efeméride de 2026 revive esa memoria, e invita a reflexionar sobre cómo las figuras como ella encarnan el espíritu del decreto 173-01, que instituyó la fecha para honrar las costumbres transmitidas generacionalmente.
Trayectoria de una reina del priprí
Salomé Olivares se distinguió como una de las bailadoras más veteranas delpriprí, un ritmo tradicional que integra elementos del merengue de palo echa’o, con influencias africanas y locales. Apodada "la reina del priprí", su maestría en esta danza la posicionó como una guardiana de expresiones folklóricas que fusionan percusión, movimiento y narrativa cultural. Residía en Villa Mella, un enclave rico en tradiciones como los congos y los palos, donde practicó y transmitió su arte a lo largo de décadas.
Su trayectoria quedó documentada en obras especializadas, como la Bibliohemerografía de la Cultura Tradicional y Popular de la República Dominicana, de la consultora folklórica Xiomarita Pérez. En el capítulo dedicado a la música y el baile, Olivares aparece amenizando actividades con un conjunto homónimo, muy activa en su rol en la preservación de estos ritmos.
Esta danza, caracterizada por pasos improvisados y energía colectiva, refleja el sincretismo cultural dominicano, y Olivares contribuyó a su continuidad mediante participaciones en eventos comunitarios.
Homenajes y reconocimientos
En marzo de 2013, durante el V Congreso Internacional de Folklore Musical y Danzario del Caribe en el Centro León, la Escuela EdoRitmos de Xiomarita Pérez le rindió homenaje a Salomé Olivares. En esa ocasión, se le entregó un libro en reconocimiento a su dedicación, un gesto que resaltó su influencia en la transmisión de saberes tradicionales. Este tributo, realizado en vida, subrayó su estatus como figura icónica en el ámbito folklórico quisqueyano.
Otros homenajes póstumos han surgido en efemérides como la de hoy, donde su nombre se evoca junto a otras manifestaciones del folklore dominicano, como el merengue típico y los diablos cojuelos. Estas conmemoraciones mantienen viva su memoria, y la integran en actividades educativas y artísticas que promueven la diversidad cultural.
En la actualidad
El legado de Salomé Olivares perdura en el Día Nacional del Folklore, y sirve como puente entre generaciones para la salvaguarda de tradiciones amenazadas por la modernidad. Su dedicación al priprí inspira iniciativas contemporáneas, como talleres y presentaciones que buscan involucrar a la juventud en estas prácticas ancestrales.
En un panorama donde el folklore se posiciona como herramienta de cohesión social, figuras como Olivares recuerdan la importancia de preservar el patrimonio inmaterial, y enriquecer el mosaico cultural hispanoamericano.
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Cada 10 de febrero se celebra en el país esta fecha dedicada a preservar y honrar las tradiciones culturales transmitidas de generación en generación. Establecida por el Decreto 173-01, resalta expresiones como el merengue, la bachata y los diablos cojuelos que fusionan raíces indígenas, africanas y europeas con identidad nacional.
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