El escritor francés, filósofo del absurdo y la rebelión y ganador del Nobel de Literatura a los 44 años, creció en la pobreza argelina y encontró en el fútbol juvenil lecciones esenciales de fraternidad y moral. Sus obras maestras siguen iluminando la condición humana. Un pensador lúcido que enseña a vivir sin ilusión, pero con solidaridad y dignidad.
Nacido el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi (actual Dréan), Argelia francesa, en una familia humilde de colonos pieds-noirs. Quedó huérfano de padre a los once meses tras la Primera Guerra Mundial. Creció en el barrio obrero de Belcourt junto a su madre analfabeta, una abuela estricta y un hermano mayor. La pobreza fue constante, pero el mar Mediterráneo y la luz argelina moldearon su sensibilidad vital y estética.
El futbolista que enseñó moral al filósofo
Una faceta apasionada y poco conocida: Camus fue porterodel equipo juvenil del Racing Universitaire d'Alger (RUA) entre finales de los años 20 y principios de los 30. Jugaba con entrega total y siempre afirmó que el fútbol le regaló sus lecciones más profundas sobre ética y vida colectiva.
«Todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol.»
La tuberculosis a los 17 años truncó su carrera deportiva, pero esas tardes bajo los tres palos quedaron como metáfora permanente de su pensamiento: el ser humano frente al absurdo, defendiendo con lucidez y coraje una portería que nunca se puede ganar del todo.
El despegue literario y la Resistencia
En los años 30 inició su periodismo en Argel, y en sus artículos denunció las injusticias contra la población árabe y bereber. En 1940 se trasladó a París. Durante la ocupación nazi participó activamente en la Resistencia y dirigió el periódico clandestino Combat.
1942 fue su año bisagra: publicó simultáneamente El extranjero y El mito de Sísifo, textos fundacionales del absurdo.
Obras cumbres y el Nobel
Le siguieron La peste (1947), alegoría del mal colectivo y la solidaridad; El hombre rebelde (1951), sobre la rebelión ética; y La caída (1956). En 1957, con solo 44 años, recibió el Premio Nobel de Literatura por la intensidad y claridad de su obra.
El final abrupto y su legado
El 4 de enero de 1960, a los 46 años, Camus murió en un accidente de carretera en Villeblevin, Francia. Viajaba como pasajero en el coche de su editor Michel Gallimard cuando el vehículo se estrelló contra un árbol. En su maletín quedó el manuscrito inconcluso de El primer hombre, su novela más autobiográfica, que a la postre sería publicada en 1994, más de tres décadas después de su muerte.
A 66 años de su partida, Camus permanece como uno de los testigos más lúcidos del siglo XX: nos recuerda que en un universo sin sentido, la respuesta no es la desesperación, sino la rebelión, la fraternidad y la exigencia de justicia. Como él dijo: hay que imaginar a Sísifo feliz… y también al portero defendiéndose hasta el último minuto.
A medio siglo de su partida, el mundo literario recuerda a Agatha Christie, la autora británica que revolucionó el género policiaco con sus intrincados misterios y personajes inolvidables. Nacida en 1890, su prolífica carrera abarcó más de 60 novelas y 14 colecciones de relatos, que vendieron millones de copias en todo el planeta.
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En 1966, Sheila Fitzpatrick, una joven investigadora australiana, llega a Moscú para acceder a archivos restringidos durante la Guerra Fría. Sus memorias narran las dificultades de la investigación bajo vigilancia constante, con anécdotas personales sobre la vida soviética posestalinista.