De la mente creativa de un dramaturgo alemán
La Ópera de tres centavos, escrita por el poeta Bertolt Brecht (Augsburgo 1898 - Berlín 1956) y con música de Kurt Weill, se estrenó en Berlín en 1928. Está basada en la sátira inglesa The Beggar's Opera de John Gay de 1728, y critica duramente la sociedad capitalista a través de personajes marginales.
Su canción emblemática, Die Moritat von Mackie Messer (literalmente, “la balada de Mackie Cuchillo”), narra las andanzas de un criminal siniestro, pero a la vez carismático, y con un tono irónico va mezclando violencia y encanto.
Esta balada, con su melodía pegajosa y letras afiladas, trascendió el teatro para convertirse en un estándar musical. En los años 50, cruzó el Atlántico y —traducida al inglés como Mack the Knife— se popularizó en Estados Unidos, donde se integró al repertorio de grandes artistas de la época.

Pasando por versiones jazz que marcaron historia
El jazz abrazó a Mack the Knife con entusiasmo, para darle —obviamente— un swing inconfundible. Louis Armstrong grabó una versión en 1955 que se convirtió en su mayor éxito en años, con su característica voz ronca y el glamour de su trompeta. El inigualable Satchmo llevó lo que parecía una canción sencilla a convertirse en himno alegre, pese a su sórdido origen temático. Armstrong la grabó en los estudios de Hollywood, y transformó la balada en una pieza optimista que alcanzó topes en las listas de popularidad.
Años después, en 1960, Ella Fitzgerald ofreció una interpretación legendaria en Berlín durante un concierto en la Deutschlandhalle. Cuenta la historia que, tras haber olvidado algunas partes de la letra, improvisó con genialidad el “dub-dub-dad” de Armstrong, en un guiño juguetón que al público le encantó. Esta versión en vivo, que fue grabada en un disco, destaca por su espontaneidad y el dominio vocal de Fitzgerald, cantante que supo convertir un error en un momento icónico del jazz.

Otras figuras como Frank Sinatra y Bing Crosby también la versionaron, pero son las de Armstrong y Fitzgerald las que resaltan por su influencia duradera en el género.
Hasta el salto a América Latina con Rubén Blades
Cincuenta años después de su estreno, la esencia de Mack the Knife resurgió en el Caribe con Pedro Navaja, la canción de Rubén Blades incluida en el álbum Siembra, de 1978, junto a Willie Colón. El cantautor panameño —abogado de formación—, se inspiró directamente en la balada de Brecht y Weill para crear un relato urbano adaptado al contexto latinoamericano.
En Pedro Navaja, el protagonista es un hampón callejero de Nueva York —aunque podría ser de cualquier barrio latino— que termina en un giro trágico similar al de Mackie Messer. Con ritmos de salsa y versos que pintan la vida marginal, la canción critica la pobreza y la violencia urbana, pero con un humor negro que la hace adictiva. Blades reveló que su inspiración le llegó tras ver una versión en inglés de “La ópera de tres centavos”, y compuso su ya legendaria canción en la que trastocó aquel criminal europeo por un antihéroe caribeño.

Impacto cultural y adaptaciones
La canción resultó tan exitosa que en los años 80 surgió el musical La verdadera historia de Pedro Navaja, estrenado en Puerto Rico y basado tanto en la ópera de Brecht como en el hit de Blades. Esta producción, que se presentó en Nueva York, fusionó teatro y salsa, como una extensión de la influencia de aquella obra de los años 20.
Y no terminó allí, ya que Pedro Navaja inspiró películas y obras teatrales en Latinoamérica, por ejemplo, una versión que se hizo en Perú. Aunque vale destacar que Blades expresó disgusto por algunas de esas adaptaciones, y siempre defendió su visión original.
Esta línea invisible entre Brecht y Blades que se extiende por 5 décadas ilustra cómo una idea compositiva viaja por continentes, se adapta a nuevos ritmos y realidades, desde el jazz neoyorquino hasta la salsa tropical.
Con información e imágenes de:
NY times
openculture.com
Billboard
WGN Radio