Infancia y raíces vienesas
Hedy Lamarr —su nombre real era Hedwig Eva Maria Kiesler— nació el 9 de noviembre de 1914 en Viena, en lo que entonces era el Imperio Austrohúngaro, y fue la única hija de Emil Kiesler y Gertrud Lichtwitz. Su padre era un banquero de origen judío gallego-austríaco; su madre, descendiente de una familia judía húngara, era pianista de formación. Creció en un entorno de clase alta, en el que nada le faltó, y desde niña tuvo acceso a clases de piano, ballet e idiomas. Se dice que ya desde muy corta edad mostraba curiosidad por saber cómo funcionaban ciertos dispositivos —eran épocas en que la electrónica estaba en fases de desarrollo— y a menudo acompañaba a su padre en paseos donde él le explicaba los principios de funcionamiento de ciertos elementos.
A temprana edad dejó la escuela para dedicarse al mundo del cine en Austria, un paso casi lógico para alguien que, además de belleza, tenía una fuerte voluntad de acción. En ese Viena entre guerras, su origen judío y la agitación política que se avecinaba dejarían huella en su vida futura.

Carrera actoral: de Austria a Estados Unidos
Su carrera cinematográfica comenzó en Europa, con papeles en el cine austríaco y alemán. Por ejemplo, intervino en la película polémica Éxtasis (1933) que la convirtió en una figura internacional. Ese mismo año de 1933 se casó con el empresario de armamento austriaco-húngaro Fritz Mandl, una situación que la llevó a vivir restringida en muchos sentidos, hasta que decidió escapar en 1937 aprovechando su talento artístico y sus deseos de libertad.
Ya en Londres fue fichada por el magnate de la Metro Goldwyn Mayer, Louis B. Mayer, quien le ofreció un contrato y le asignó el nombre artístico Hedy Lamarr, en parte para borrar su pasado europeo. En 1938 debutó en Hollywood en la película Algiers al lado de Charles Boyer, e inmediatamente fue promovida como “la mujer más hermosa del mundo” por el estudio. Durante los años siguientes protagonizó numerosos filmes de éxito, por lo que se convirtió en una estrella del cine clásico norteamericano, con todos los requisitos de glamur y magnetismo que el sistema exigía.

El talento para la tecnología y su legado científico
Más allá de la pantalla, Hedy Lamarr nunca abandonó su inclinación hacia la ingeniería y el diseño de inventos. Aunque nunca había hecho una carrera formal en ingeniería, aprovechó sus momentos libres entre rodajes para volcarse a los libros y concebir —de manera autodidacta— ideas técnicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, alarmada por el naufragio de buques civiles y consciente del papel de su exmarido Fritz Mandl en la industria armamentística, planteó la idea de una transmisión de radio que cambiara de frecuencia de forma sincronizada para evitar ser interferida.
En colaboración con George Antheil, un panista neoyorquino que, al igual que ella, tenía una fuerte pasión por la tecnología, desarrolló el sistema de “salto de frecuencia” (frequency-hopping spread spectrum) que presentaron en la oficina de patentes y lograron patentarlo entre 1941 y 1942. El desarrollo de la tecnología en ese momento no permitió que su invento pudiera ser plenamente aprovechado por la marina estadounidense durante la 2da Guerra Mundial. Sin embargo, su principio teórico fue la base que permitió, décadas después, la implementación de tecnologías que hoy son de uso cotidiano, como el Wi-Fi, el Bluetooth y el GPS.

Aunque el peso de su faceta de estrella de cine superó por mucho a la Hedy Lamarr tecnológica, merece destacarse que su contribución científica fue realmente pionera: una actriz que también se sentó a diseñar circuitos, sistemas de radio y una lógica de comunicación segura en tiempos de guerra. Fue reconocida tardíamente —por ejemplo, su ingreso póstumo al National Inventors Hall of Fame— pero su combinación de cine y ciencia la convierte en una figura singular.
Una mujer que rompe los moldes
Hedy Lamarr rompe esquemas: vienesa de origen judío, estrella de Hollywood y al mismo tiempo inventora autodidacta cuya obra técnica dio forma al mundo inalámbrico actual. Su vida demuestra que la creatividad no tiene por qué limitarse a una sola dirección, sino que puede transitar entre la luz cegadora del estudio de filmación y la penumbra de un taller de prototipos.
Recordarla a 111 años de su nacimiento es también reconocer que en la historia de la ciencia muchas veces se ha silenciado a talentos femeninos que combinaban artes, ingenio y coraje.
Con información e imágenes de:
kids.britannica.com
womenshistory.org
HISTORY
National Geographic