El escritor uruguayo, autor de obras emblemáticas como Las venas abiertas de América Latina, dejó un legado marcado por la denuncia poética de la explotación continental y una honestidad intelectual que lo llevó, al final de su vida, a revisar incluso su libro más célebre.
Eduardo Germán María Hughes Galeano nació el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo, Uruguay, en una familia de clase media alta de origen europeo. Desde muy joven trabajó en distintos oficios —fábrica de productos químicos, dibujante, mensajero, mecanógrafo— mientras colaboraba en publicaciones de izquierda como Marcha y Época, y fundó semanarios propios como El Sol. Ya para esas fechas, había adoptado el apellido materno Galeano para firmar sus obras.
Su compromiso y activismo político de la época lo obligó al exilio en 1973 tras el golpe militar en Uruguay: primero en Argentina y luego en España, donde escribió gran parte de su obra más conocida.
Galeano regresaría a su patria Uruguay en 1985, una vez restablecida la democracia en ese país, y junto a Mario Benedetti —otro gran poeta y escritor uruguayo— fundaría Brecha, un semanario político de izquierda.
El estilo que marcó época
Galeano revolucionó la crónica y el ensayo al fusionar rigor histórico con un lenguaje poético y fragmentario. Rechazó la neutralidad académica y optó por una narrativa comprometida que denunciaba la saqueo de América Latina desde la Conquista hasta el neoliberalismo. Su prosa, llena de imágenes potentes y oralidad, convirtió textos políticos en piezas literarias de lectura adictiva.
Obras que trascendieron fronteras
Entre sus libros más destacados figuran:
Las venas abiertas de América Latina (1971), convertido en un clásico de la izquierda continental y prohibido en varias dictaduras.
Memoria del fuego (trilogía publicada entre 1982 y 1986), una monumental recreación poética de la historia americana desde los mitos precolombinos hasta el siglo XX.
El libro de los abrazos (1989), colección de micro-relatos que alternan ternura y denuncia.
El fútbol a sol y sombra: una visión muy particular acerca de todo lo que rodea al deporte más popular.
Espejos (2008), una historia universal contada desde los olvidados.
Los hijos de los días (2012), calendario de efemérides alternativas.
La autocrítica tardía sobre Las venas abiertas
En mayo de 2014, menos de un año antes de su muerte –ocurrida el 13 de abril de 2015 por cáncer de pulmón–, Galeano participó en la II Bienal del Libro y la Lectura en Brasilia. Allí, ante un auditorio sorprendido, declaró sobre su obra más famosa: “No tengo fuerzas ni formación suficiente para haber escrito ese libro en aquel momento”. Reconoció que el texto, escrito con 29 años, contenía errores factuales y un tono excesivamente doctrinario que ya no compartía.
“No lo volvería a escribir”, añadió, aunque aclaró que no se arrepentía de su esencia denunciatoria. La confesión generó polémica: algunos lo acusaron de traicionar sus ideas juveniles; otros alabaron su madurez intelectual y su valentía para rectificar en público. El propio Galeano explicó que, con los años, había aprendido a desconfiar de las verdades absolutas y a valorar más la duda y la complejidad.
Ese gesto final —pedir disculpas por imprecisiones en un libro que había sido bandera de generaciones— paradójicamente fortaleció su estatura moral: la de un escritor que nunca dejó de cuestionarse, ni siquiera a sí mismo.
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