El más grande escapista de la historia: a un siglo de su trágica muerte

El más grande escapista de la historia: a un siglo de su trágica muerte

Hoy, 31 de octubre de 2026, se cumplen 100 años del fallecimiento del legendario mago y escapista Harry Houdini, un nombre que quedó inscrito para siempre en la historia del ilusionismo.


 

De Budapest a la cuerda de acero

Su verdadero nombre era Erich Weisz, y nació el 24 de marzo de 1874 en Budapest, entonces Imperio Austrohúngaro. Cuando tenía apenas 4 años, su familia emigró a los Estados Unidos, y se estableció primero en Appleton (Wisconsin), para luego mudarse a Nueva York.
Ya en su juventud, Erich inició con simples actos circenses, y adoptó el nombre artístico “Houdini” en homenaje al mago francés Jean-Eugène Robert-Houdin. Ya desde esas fechas mostró un gran interés por la magia y el escape, y realizaba actos junto a su hermano, que tenía el apodo Hardeen Houdini.

Su carrera se fue haciendo famosa cuando comenzó a presentarse como “Harry Handcuff Houdini”, en espectáculos públicos en los que lograba escapar de ataduras, grilletes, celdas de cárcel y otros artilugios. 
Uno de sus escapes más famosos fue la “Milk Can Escape” (contenedor de leche), seguido por la famosa “Chinese Water Torture Cell” (Celda de tortura china) en la que él quedaba colgado e invertido bajo agua. 

Houdini supo explotar no sólo habilidades físicas extraordinarias, sino también el arte del suspense: prolongaba el momento del rescate, implicaba al público, convertía cada escape en un acontecimiento donde la muerte parecía acechar. Fue, como dice un artículo de la época, un “maestro del escape y del miedo” al mismo tiempo. 

Sus actos no se limitaron a los Estados Unidos. Hizo giras por Europa y se presentó en espectáculos en Alemania, Reino Unido y Francia, hacia fines del siglo XIX. Su fama ya era casi mundial cuando tenía solo 24 años.

 

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El final del espectáculo

El cierre de su brillante carrera llega con un final tan dramático como sus propios trucos. Según la mayoría de las fuentes, Houdini falleció el 31 de octubre de 1926 en Detroit, Michigan, a los 52 años, a causa de una peritonitis provocada por la ruptura del apéndice. 

Los hechos, sin embargo, tienen tintes anecdóticos que contribuyeron a forjar su leyenda:

  • En los días previos aceptó que un estudiante universitario lo golpeara repetidamente en el abdomen para demostrar que su físico podía resistir cualquier impacto. 
  • Pese a sentir dolor y fiebre, siguió actuando. Llegó a presentarse en el escenario con una temperatura de más de 39 °C. 
  • Su muerte, justo el día de Halloween, añadió un velo de misterio: algunos rumores apuntaron incluso a represalias de médiums a los que él había denunciado y desenmascarado varios años atrás. 

 

Así, el “último acto” de Houdini se pareció más a una de sus grandes escapadas: él, luchando contra el reloj, contra la enfermedad, contra los límites físicos, y —en un retorcido giro del destino— superado por una dolencia fisiológica de la que no pudo escapar.

El cuerpo de Erich Weisz, alias Harry Houdini descansa en el cementerio Machpelah, en Queens, Nueva York.

 

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Legado, mito y rituales

Houdini no sólo dejó un catálogo de hazañas imposibles, sino también una huella cultural duradera: su nombre se usa aún como sinónimo de “escapar de una situación imposible”. 

Algunos de sus legados:

  • Bajo su influencia, la Society of American Magicians instauró el ritual del “Broken Wand Ceremony” (la varita rota) en 1926 como homenaje anual a los magos fallecidos, comenzando por Houdini. 
  • Diversos museos y exposiciones le están dedicados, y la ciudad que consideró su hogar, Appleton, Wisconsin, prepara celebraciones por el centenario. 
  • Su vida y muerte han dado pie a innumerables teorías, libros y documentales que exploran no sólo sus trucos, sino sus intenciones: desmontar el espiritualismo fraudulento, vencer al miedo y trascender la mortalidad. 

 

Conmemorando el centenario de su partida

En esta fecha —un siglo desde su desaparición—, es oportuno mirar a Houdini con dos lentes al mismo tiempo: la del espectáculo, del asombro, de la broma perfectamente ejecutada; y la de la vulnerabilidad humana, del artista que daba lo mejor de sí hasta el límite, y que fue vencido por algo tan habitual como una infección.

Su legendaria figura también ofrece lecciones, y ha dejado claro que el arte del ilusionismo o escapismo puede consistir, más allá de la técnica, en desafiar lo imposible y convertir la rutina en creatividad.

Un mito se construye a lo largo de las décadas, tanto con gestas épicas como con detalles humildes: un mago que, tras años de victorias, se enfrenta a la mortalidad.

Y lo que deja a las futuras generaciones no depende tanto de lo que se realiza, de gestos heroicos o de acciones de coraje, como escapar de grilletes o salir airoso de una caja de agua, sino de lo que se inspira: el afán de superar lo dado, de sobrepasar los límites y de dejar una huella visible y simbólica.

 

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Hoy, al evocar a Houdini, se ve en lo lejano del tiempo un espectáculo que continúa más allá del escenario: el espectáculo de vivir, de soñar que lo imposible quizá no lo sea, de convertir un acto personal —fuga de las ataduras— en una metáfora colectiva. En este 31 de octubre, la humanidad recuerda a un hombre que quiso engañar a la muerte… y que, finalmente, la recibió con aplausos.

Para seguir explorando su figura, hay museos por visitar, varias biografías escritas y filmaciones de algunas de sus actuaciones. Y tal vez cabrá preguntarse: ¿qué “grilletes” de la vida cada uno es capaz de enfrentar e intentar abrir?

 

 

Con información e imágenes de:

The New Yorker

  Wild About Houdini

WGBA NBC 26 in Green Bay

TIME

Michiganology