A diez años del fallecimiento del autor italiano, bien vale recordar su novela debut, que entrelaza intriga detectivesca con debates teológicos en una abadía del siglo XIV. La adaptación fílmica de 1986, dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery, capturó su esencia gótica, aunque con ciertas simplificaciones narrativas.
Publicada en 1980, El nombre de la rosa se ambienta en 1327, en una remota abadía benedictina de los Apeninos italianos, durante un período de tensiones religiosas y políticas en la Europa medieval. La trama sigue al monje franciscano William de Baskerville —un erudito para el que Eco se inspiró en el filósofo Guillermo de Ockham y en el detective Sherlock Holmes— quien llega al monasterio para mediar en un debate teológico. Acompañado por su joven novicio Adso de Melk, quien narra la historia en retrospectiva, William se ve envuelto en la investigación de una serie de muertes misteriosas que parecen ocultar secretos relacionados con un libro prohibido en la vasta biblioteca del lugar.
La recreación del entorno medieval es meticulosa, con descripciones detalladas de la arquitectura gótica, las rutinas monásticas y las divisiones eclesiásticas de la época, como los conflictos entre franciscanos y benedictinos o las herejías perseguidas por la Inquisición. Umberto Ecoincorpora elementos históricos reales, como referencias a la navaja de Ockham —el principio de aceptar la explicación más simple—, para enriquecer el razonamiento deductivo del protagonista.
Temas principales y estilo narrativo
La obra fusiona el género policiaco con profundos debates filosóficos y semióticos, y explora temas como la interpretación de signos, el poder del conocimiento y los peligros de la intolerancia religiosa. Eco, semiólogo de formación, teje una red de intertextualidades: alusiones a Jorge Luis Borgesen el bibliotecario ciego, ecos de Arthur Conan Doyle en el método detectivesco y reflexiones sobre el lenguaje que cuestionan si las palabras sobreviven a las cosas, en contraposición a Shakespeare.
El estilo es denso y erudito, con pasajes en latín, discusiones teológicas y descripciones exhaustivas que demandan atención del lector. Sin embargo, el suspenso narrativo mantiene el interés, lo que la hace una novela accesible pese a su complejidad intelectual. Temas como la corrupción eclesiástica, la búsqueda de la verdad y la fragilidad de la memoria resuenan en un contexto de crisis medieval, paralela a dilemas modernos.
Impacto y recepción
El nombre de la rosa se convirtió en un fenómeno editorial, con más de 50 millones de copias vendidas mundialmente y premios como el Strega en 1981. Marcó el debut ficcional de Eco, quien hasta entonces era conocido por ensayos académicos, y generó un "efecto desciframiento" entre lectores que buscaban códigos ocultos, aunque el autor desalentaba interpretaciones excesivas.
Algunos críticos la elogian como una mezcla magistral de thriller histórico, misterio y teoría literaria, y ha llegado a ser considerada una de las novelas más influyentes del siglo XX.
Vendió 300.000 ejemplares en su primer año en Italia.
Inspiró estudios sobre semiótica aplicada a la narrativa.
Eco publicó "Apostillas" en 1985 para aclarar su creación, sin revelar la trama.
La novela en su versión cinematográfica
Dirigida por Jean-Jacques Annaud en 1986, la película traslada la novela a la pantalla con Sean Connery en el rol de William de Baskerville, un monje sabio, deductivo y humano, que destaca por su carisma y profundidad. Un jovencísimo Christian Slater —tenía solo 16 años cuando rodó la película— interpreta a Adso, y F. Murray Abraham encarna al inquisidor Bernardo Gui, en una producción que recrea con fidelidad la atmósfera sórdida y opresiva del monasterio medieval, filmada en locaciones reales como la abadía de Eberbach en Alemania.
Fidelidad y adaptaciones
La adaptación simplifica algunos debates filosóficos para enfatizar el misterio y la intriga, lo que la hace más accesible al público general, aunque pierde parte de la densidad semiótica del libro. Annaud captura la esencia visual del medievo, con escenarios sombríos, rostros grotescos y una banda sonora de James Horner que acentúa el suspenso.
Eco expresó opiniones mixtas sobre la versión, aunque decepcionado inicialmente por el casting de Sean Connery —no lo veía como “su” William de Baskerville—, pero el filme fue un éxito en Europa, con algo de menor recepción en Estados Unidos.
Recepción crítica
Con una calificación del 76% en Rotten Tomatoes, se alaba su atmósfera inmersiva y las actuaciones, especialmente la de Connery, considerada una de sus mejores post-Bond. Algunos críticos destacaron el acertado retrato que logra Annaud de la Edad Media como un período de oscuridad intelectual, sin embargo, otros especialistas criticaron cierta mediocridad por no haber capturado toda la complejidad de la obra original.
Lo cierto es que El nombre de la rosa, a 40 años de su estreno, permanece como un clásico de cine histórico, con elementos de thriller que influyeron en producciones posteriores.
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