Orígenes en la era dorada del misterio
El Detection Club emergió en la década de 1920, cuando los autores de novelas policíacas enfrentaban aislamiento en su labor creativa. Anthony Berkeley, un escritor de cierto renombre para esas fechas, inició cenas informales en su hogar de Watford en 1928, con el fin de conectar a colegas y elevar el género a la categoría de literatura seria. Estas reuniones derivaron en la fundación oficial del club en 1930, con un enfoque en la profesionalización y el intercambio de ideas.
Aunque se invitó inicialmente a Arthur Conan Doyle para presidirlo, su salud, ya un tanto deteriorada a sus 71 años —fallecería unos meses después en julio de 1930— se lo impidió, por lo que Gilbert Keith “G.K.” Chesterton asumió el rol como primer presidente hasta 1936. Chesterton, creador de la serie del Padre Brown, aportó legitimidad con sus ensayos sobre lógica y moral en las historias detectivescas.
La sociedad cobró fama y ascendencia rápidamente entre los escritores, con lo que atrajo a muchos autores británicos destacados, quienes se reunían con regularidad en cenas de camaradería celebradas en Londres.

Miembros fundadores y sus contribuciones
Entre los fundadores destacaban, aparte de G.K. Chesterton, las renombradas Agatha Christie , Dorothy L. Sayers, y entre los tres encarnaban la esencia del club. Christie, autora de obras icónicas como Asesinato en el Orient Express y Diez negritos, trajo rigor técnico en la construcción de enigmas. Incluso fue presidenta del club desde 1957 hasta 1976, período en el que se promovieron nuevos talentos. Sayers, conocida por la serie de Lord Peter Wimsey, enfatizó la profundidad psicológica y referencias históricas o científicas en las tramas, a la vez que era una férrea defensora del talento y la inteligencia femenina en un género que históricamente había sido dominado por hombres.
Otros miembros iniciales fueron la baronesa Emma Orczy, Alan Alexander Milne —autor de una novela detectivesca antes de crear a Winnie-the-Pooh— y Ronald Knox, con lo que la diversidad creativa se amplió notablemente.
La membresía era exclusiva, decidida por votación secreta, y limitada a autores reconocidos para mantener el prestigio. Mujeres como Sayers y Christie jugaron roles centrales desde el inicio a la hora de romper barreras en un campo tradicionalmente masculino.

Cuentan los historiadores que el ritual de iniciación, ideado por Dorothy Sayers, involucraba un juramento sobre un cráneo humano con ojos iluminados en rojo, conocido como “Eric”, junto a túnicas y antorchas, lo que le añadía un toque tétrico —aunque era solo teatral— a la camaradería.
Reglas del juego limpio: un código ético
El club adoptó principios estrictos para garantizar la integridad del género, conocidos como las reglas de juego limpio. Formalizadas por Sayers y Knox, estos "diez mandamientos" exigían que los autores proporcionaran pistas suficientes para que el lector resolviera el misterio, pero prohibían utilizar en la trama elementos improbables como dobles, gemelos no anunciados o soluciones sobrenaturales. Por ejemplo, se vetaban venenos desconocidos o detectives con intuiciones inexplicables.
Estas normas, aunque a veces infringidas —como en un caso donde Christie fue casi expulsada por violarlas en una novela—, buscaban elevar la ficción detectivesca por encima de trucos baratos, en un claro intento de favorecer la evolución del misterio hacia narrativas más sofisticadas.
El club debatía crímenes reales, analizaba evidencia forense y consultaba a investigadores de Scotland Yard, inspirándose en casos como el "Asesinato del Auto en Llamas" de 1930.

Colaboraciones y eventos memorables
El Detection Club fomentó proyectos conjuntos, como novelas serializadas coescritas por miembros. Algunos ejemplos de esta modalidad son Behind the Screen y The Scoop, transmitidas por la BBC y publicadas en revistas, donde autores como Berkeley, Sayers y Christie aportaban capítulos para involucrar al público en la resolución de enigmas.
Estas colaboraciones no solo entretenían, sino que reforzaban el compromiso ético del grupo. Además, los miembros recortaban artículos periodísticos sobre crímenes reales para proponer nuevas tramas en sus cenas mensuales, en las que se fusionaban la ficción y los hechos verídicos .
Legado en el siglo XXI
Casi un siglo después, el club sigue activo con alrededor de 60 miembros, bajo la presidencia de Martin Edwards desde 2015. Su influencia perdura en el género policíaco, y mantiene el objetivo de promover la excelencia en el género literario, e incluso se ha adaptado a evoluciones como el thriller psicológico.
Presidentes sucesivos, desde E.C. Bentley hasta Julian Symons, han mantenido su esencia, y lo han convertido en un símbolo de la era dorada del misterio que aún inspira a escritores contemporáneos.
Con información e imágenes de:
booksbywomen.com
Britannica
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