El lienzo que captura el sol de Marrakech
La pintura Marrakech, un óleo sobre lienzo de 1935, representa una calle vibrante de la ciudad marroquí bajo un cielo de tonos cálidos y sombras profundas. Con toques impresionistas, Churchill plasmó el bullicio urbano que él mismo bautizó como “el París del Sahara”. Esta pieza, de 66 x 81 centímetros, no solo refleja la maestría técnica del famoso estadista británico, sino su búsqueda personal de serenidad en un paisaje exótico.
Orígenes en el exilio voluntario de Churchill
Winston Churchill descubrió la pintura en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, como un bálsamo para el estrés político. Tras el desastre de Gallipoli, que lo apartó temporalmente del poder, se refugió en el arte, y llegó a producir más de 500 obras a lo largo de su vida. En 1935, marginado nuevamente por el gobierno de Stanley Baldwin, viajó a Marruecos con su esposa Clementine. Allí, fascinado por las luces del Atlas y los mercados, creó esta visión de Marrakech. A esa ciudad norafricana regresaría en 1943 acompañado por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, tras haber asistido a la famosa Conferencia de Casablanca, y obsequiaría al su par norteamericano una pintura similar de la mezquita Koutoubia.

Churchill, quien firmaba sus cuadros con el seudónimo “Charles Marion”, consideraba la pintura una terapia: “Pintar es una distracción completa de las preocupaciones del día a día”, escribió en sus memorias. Aunque nunca se profesionalizó, su estilo —influido por los impresionistas franceses— ha elevado sus obras a iconos de las artes plásticas, que hoy los coleccionistas buscan y atesoran.
La subasta de un imperio en quiebra
La semana pasada, la casa Heffel Fine Art Auction House en Toronto subastó 27 piezas de la colección corporativa de Hudson’s Bay Company, minorista icónica canadiense que se declaró en bancarrota en marzo de 2025. La venta, titulada A Legacy Through Art: The Hudson’s Bay Company Collection, recaudó 4,9 millones de dólares en total, con todos las lotes, lo que superó las estimaciones preliminares de sus dueños.
Marrakech lideró con un martillo de 1,3 millones de dólares (1,56 millones con prima del comprador), es decir, más del doble del máximo previsto de 600.000 dólares. La puja, transmitida en vivo por CBC, atrajo postores telefónicos y presenciales, impulsada por la procedencia real de la obra. En 1956, Lady Clementine Hozier, esposa del expremier inglés, donó el cuadro a Hudson’s Bay como gesto de gratitud por sus lazos comerciales con el Imperio Británico.
Esta transacción marca uno de los mejores resultados para Churchill fuera de Londres o Nueva York, aunque lejos de su récord de 11,5 millones por The Goldfish Pool at Chartwell en 2021.

Repercusiones en el mercado del arte
La alta demanda subraya el atractivo perdurable de Churchill como artista aficionado con pedigrí histórico. Otras ventas destacadas incluyeron Le pont de James Wilson Morrice por 1,8 millones y obras del Grupo de los Siete, como paisajes de Emily Carr. Para Hudson’s Bay, endeudada en 1.100 millones, estas subastas —que continuarán hasta fin de año con 1.700 piezas más— representan un salvavidas financiero.
Expertos de Heffel destacaron: “La obra atrajo una amplia atención mediática y de coleccionistas, lo que claramente refleja el encanto eterno de Marrakech en el pincel de Churchill”. Su venta no solo resucita un tesoro oculto en archivos corporativos, sino que invita a redescubrir al estadista como creador visual, uniendo historia y lienzo en un trazo millonario.
Con información e imágenes de:
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