Una criatura que no es monstruo: la revisión compasiva de Guillermo del Toro a Frankenstein

Una criatura que no es monstruo: la revisión compasiva de Guillermo del Toro a Frankenstein

En su versión de la clásica novela de Mary Shelley, el cineasta Guillermo del Toro desplaza el centro de la historia del científico obsesivo al ser creado —le da voz, perspectiva y vulnerabilidad— y abandona gran parte de la ambigüedad moral del original para ofrecer un relato más directo sobre la compasión, la culpa y la condición humana.


 

Una visión largamente deseada

Para del Toro este proyecto era “el que siempre quiso hacer”, un deseo que se remonta a más de una década de ideas y bocetos. Su versión de Frankenstein no pretende solo adaptar la novela de Shelley: pretende “revivir” el mito bajo su propia mirada narrativa y estética. El resultado es una fusión de tragedia romántica, reflexión filosófica y espectáculo visual. La película se estrenó en la Mostra de Venecia 2025 y llegó a la plataforma Netflix el 7 de noviembre. 

 

Compasión en el centro del mito

Una de las claves de esta lectura es cómo el “monstruo” deja de ser figura de puro horror para convertirse en sujeto doliente. Del Toro sitúa la compasión como eje narrativo, para colocar el relato cinematográfico entre la compasión y la pérdida de ambigüedad moral. En esta versión, el creador, el ser creado y las fuerzas que los rodean se enfrentan menos como autor contra criatura, y más como dos entidades heridas en una paradoja de poder, abandono y deseo de redención.

El giro es que el monstruo habla, siente, aprende; ya no es solo el otro que aterroriza, sino el otro que sufre. De hecho, la narrativa permite al monstruo contar sus propias experiencias, lo que representa un cambio radical de la perspectiva histórica que han tenido todos los filmes que abordaron la novela de Shelley. Esto transforma la historia en una exploración sobre qué significa ser humano, quién tiene derecho a la vida, y cuál es el precio de jugar a ser Dios.

 

Frankenstein-Guillermo-del-Toro
 

Estética, escala y conflicto

Visualmente exuberante, la película no escatima en producción. Desde el diseño hasta el vestuario y el maquillaje, se trata de un prodigio de recursos que muchos críticos han ensalzado.  Sin embargo, no todos los comentarios son de elogio total: algunos señalan que, a pesar de lo espectacular, la historia pierde fuerza en su ritmo, y que esa ambición visual no siempre va acompañada de profundidad narrativa. 

Por ejemplo, algunas críticas hablan de “una obra entretenida pero imperfecta”, bella pero con un guion que “parece reciclado” de obras anteriores del director, en clara referencia a “La forma del agua” de 2017. 

 

¿Adaptación o reinterpretación?

El paso del mito al cine siempre requiere decisiones: ¿cuánto se respeta el texto original, y cuánto se transforma? Del Toro está “más cerca de una reinterpretación que de una adaptación pura” de Shelley, según algunos críticos.  La ubicación geográfica/histórica en una Europa del Este gótica, con diseño steampunk y dosis de romanticismo trágico, la película abandona el horror clásico para abrazar un tono más emocional y existencial.

Este desplazamiento también se nota en cómo se presenta al científico: ya no solo como villano por arrogancia, sino como víctima de su propio deseo de crear vida, de trascender los límites humanos. Y conforme avanza la función, queda claro que el verdadero monstruo puede ser quien detenta el poder sin humanidad. Así, del Toro invierte los roles: la criatura adquiere la dignidad que le negaron, el creador se convierte en preso de su propia hybris.

 

frankenstein-2025
 

¿Un clásico reinterpretado al cine o un experimento ambicioso?

La nueva versión de Frankenstein de Guillermo del Toro es, sin duda, una obra de gran envergadura, con ideas que resuenan más allá del horror: la creación, el abandono, la culpabilidad, la posibilidad de redención. Si bien no todos los críticos coinciden en exaltar todo su alcance, lo que sí resulta claro es que propone una lectura diferente del mito.

Para quienes aman la obra de Shelley, quizá la austeridad moral original esté más difuminada aquí. Pero para los que se acercan sin preconceptos, esta cinta ofrece una reflexión sobre humanidad con el sello visual del autor mexicano. En última instancia, quizá lo importante ya no sea si es fiel al texto, sino si logra que el espectador se vuelva a preguntar: ¿qué somos, qué hacemos cuando creamos, y cuál es el costo de jugar a ser Dios?

 

 

Con información e imágenes de:

Rotten Tomatoes

Variety

Diario AS