William Faulkner: arquitecto literario del sur profundo estadounidense

William Faulkner: arquitecto literario del sur profundo estadounidense

Novelista, cuentista y poeta, William Faulkner convirtió el sur de Estados Unidos en un territorio literario universal. Su compleja narrativa, marcada por la memoria, el racismo, la decadencia y la violencia, influyó decisivamente en varias generaciones de escritores latinoamericanos.


 

Una letra equivocada

William Cuthbert Falkner nació el 25 de septiembre de 1897 en New Albany, Mississippi, en el seno de una familia sureña vinculada a una larga tradición familiar.

Una curiosidad en su nombre acompañaría para siempre al escritor. Su apellido familiar era Falkner, sin "u", pero cuando su primer libro fue publicado, el apellido apareció como Faulkner. La "u" había sido incorporada por error tipográfico en la editorial. En lugar de corregirla, el escritor decidió conservar la nueva grafía y con ella alcanzaría la fama mundial.

La anécdota parece menor, pero terminó convirtiendo aquella equivocación en uno de los apellidos más reconocibles de la literatura estadounidense.

Su bisabuelo, William Clark Falkner, había sido una figura importante en la historia familiar: veterano de la Guerra Civil, político, empresario y autor de The White Rose of Memphis. El joven William creció escuchando historias sobre sus antepasados y sobre el viejo Sur, un material que posteriormente transformaría en literatura.

 

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El joven que quería ser poeta

Faulkner no siguió una formación académica convencional. Asistió durante un breve período a la Universidad de Mississippi, pero abandonó los estudios y comenzó a escribir poesía, relatos y artículos periodísticos, casi a modo autodidacta.

Durante la Primera Guerra Mundial intentó incorporarse al Ejército estadounidense, pero no cumplía con el requisito de altura. Posteriormente consiguió ingresar en la Royal Canadian Air Force, aunque la guerra terminó antes de que pudiera entrar en combate.

La experiencia alimentó, sin embargo, una de sus primeras grandes ficciones personales. Faulkner regresó a Estados Unidos con una imagen de sí mismo como aviador herido de guerra y durante un tiempo utilizó esa historia para alimentar su personaje público. La realidad era que jamás había combatido.

En los años veinte se trasladó a Nueva Orleans, donde entró en contacto con el escritor Sherwood Anderson, una figura decisiva para su carrera. Anderson le recomendó concentrarse en la novela y Faulkner comenzó a desarrollar el universo literario que terminaría convirtiéndose en su gran aportación a las letras estadounidenses.

 

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Yoknapatawpha, un mundo inventado para contar una realidad

En 1924 publicó su primer libro, The Marble Faun & A Green Bough, un volumen de poesía. Pero la verdadera transformación llegó con sus novelas.

Faulkner creó un territorio ficticio llamado condado de Yoknapatawpha, inspirado en su Mississippi natal, con capital en Jefferson.

Allí situó numerosas historias y personajes que reaparecen de una obra a otra. Familias como los Compson, Sartoris, Snopes y McCaslin construyeron una especie de saga colectiva del sur estadounidense.

El recurso le permitió hacer algo extraordinario: utilizar un territorio imaginario para contar la historia real de una sociedad marcada por la esclavitud, la derrota de la Confederación, el racismo, la pobreza, la industrialización y la decadencia de las viejas familias sureñas.

Yoknapatawpha se iría convirtiendo en una suerte de universo literario comparable, por su coherencia interna, con otros grandes territorios ficticios de la literatura universal.

 

Una narrativa que rompió las reglas

Contrariamente a lo que muchos pueden pensar, la literatura de Faulkner no siempre resulta sencilla. El escritor empleó monólogos interiores, cambios bruscos de perspectiva, saltos temporales, narradores poco fiables y frases extremadamente largas. El tiempo, además, rara vez avanza de manera lineal.

Para Faulkner, el pasado no era algo que hubiera quedado atrás. Permanecía vivo en la memoria de sus personajes y condicionaba constantemente su presente.

Esa concepción alcanza una de sus expresiones más radicales en El ruido y la furia (The Sound and the Fury), donde el lector contempla determinados acontecimientos desde perspectivas diferentes, incluida la conciencia fragmentada de Benjy Compson.

La técnica podía resultar desconcertante, pero permitió representar algo que Faulkner consideraba esencial: la manera en que funciona la memoria humana.

 

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Cinco obras imprescindibles para conocer al autor

1. El ruido y la furia (1929)

La novela que consolidó la revolución narrativa de Faulkner. Cuenta la decadencia de la familia Compson a través de distintas perspectivas y períodos temporales. La primera parte está narrada desde la conciencia de Benjy, un personaje con discapacidad intelectual, mientras las siguientes permiten reconstruir progresivamente la tragedia familiar. Memoria, pérdida, honor y decadencia se mezclan en una de sus obras más exigentes y admiradas.

2. Mientras agonizo (1930)

Los Bundren atraviesan Mississippi para cumplir la voluntad de Addie, la madre de la familia, que ha pedido ser enterrada en su pueblo natal. La novela utiliza quince narradores diferentes, cada uno con su propia visión de los acontecimientos. El viaje físico se convierte en un retrato de las tensiones, miserias y afectos de una familia rural.

3. Luz de agosto (1932)

Joe Christmas ocupa el centro de una historia atravesada por la identidad racial, la religión, la violencia y el fanatismo. Su origen ambiguo en una sociedad obsesionada con las categorías raciales determina buena parte de su existencia. Paralelamente, Faulkner presenta otros personajes cuyas historias terminan cruzándose. Es una de las novelas donde su exploración del racismo y la intolerancia del sur alcanza mayor intensidad.

4. ¡Absalón, Absalón! (1936)

Thomas Sutpen llega al Mississippi con una obsesión: construir una gran dinastía. Su ascenso social y económico termina vinculado a secretos familiares, esclavitud, racismo y destrucción. La historia es reconstruida años después por distintos personajes, que intentan comprender lo ocurrido. Es quizá una de las demostraciones más impresionantes de la capacidad de Faulkner para convertir la historia familiar en metáfora de toda una sociedad.

5. Los rateros (1962)

Publicada en los últimos años de su carrera, esta novela ofrece un Faulkner mucho más humorístico. Un muchacho de Mississippi viaja a Memphis junto a su abuelo y un antiguo piloto de carreras para participar en una aventura que mezcla automóviles, apuestas, alcohol y delincuencia menor. La obra ganó el Premio Pulitzer de Ficción y muestra que el escritor también podía apartarse de la tragedia y utilizar el humor y la nostalgia.

 

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Plumas contemporáneas

Faulkner perteneció a una generación extraordinaria de escritores estadounidenses. Compartió época con Ernest Hemingway , F. Scott Fitzgerald, John Steinbeck, John Dos Passos y John Steinbeck, entre otros.

La relación con Hemingway resulta especialmente interesante porque representaban dos concepciones estilísticas muy diferentes. Hemingway cultivaba una prosa deliberadamente contenida, basada en frases breves y una economía expresiva casi extrema. Faulkner, por el contrario, podía construir párrafos de enorme extensión, alterar el orden temporal y penetrar en los pensamientos de sus personajes hasta extremos casi vertiginosos.

Ambos, sin embargo, compartieron una preocupación por la violencia, la guerra, el fracaso y la condición humana.

Faulkner también admiraba a escritores europeos como James Joyce, cuya experimentación con el flujo de conciencia tuvo una influencia importante sobre su propia narrativa.

 

Nobel y reconocimiento internacional

En 1949, la Academia Sueca concedió a Faulkner el Premio Nobel de Literatura. La distinción reconocía una obra que había transformado la narrativa estadounidense y convertido las experiencias particulares del sur en asuntos de alcance universal.

Faulkner fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1949, pero no lo recibió hasta el año siguiente. La demora se debió a la incapacidad del comité del Nobel para decidir a tiempo un ganador entre los notables candidatos de ese año, por mencionar solo tres de ellos: Ernest Hemingway, Albert Camus y John Steinbeck. A la postre, los tres escritores ganarían el Nobel en 1954, 1957 y 1962, respectivamente.

 

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En su discurso de aceptación, Faulkner habló de la necesidad de que la literatura recuperara la capacidad de abordar el amor, el honor, la piedad, el orgullo, la compasión y el sacrificio, en una época marcada por la amenaza nuclear y la devastación de dos guerras mundiales. El Nobel contribuyó decisivamente a ubicarlo en el panorama literario como uno de los grandes escritores del siglo XX.

 

Hollywood y una faceta menos conocida

Su pluma no quedó solamente impresa en tinta. Faulkner también trabajó durante años como guionista en Hollywood. Colaboró con directores como Howard Hawks y participó en el guion de Tener y no tener (1944), adaptación de la novela de Hemingway protagonizada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall. También trabajó en El gran sueño (The Big Sleep), otra colaboración con Hawks.

El trabajo cinematográfico le proporcionó ingresos en períodos económicamente difíciles y, al mismo tiempo, le permitió experimentar con una forma narrativa diferente.

No siempre disfrutó del ambiente de Hollywood, pero el dinero que obtuvo allí contribuyó a mantener su independencia como escritor.

 

Un puente hacia América Latina

Al igual que ocurrió con otros insignes literatos en lengua inglesa, la influencia de Faulkner sobre la literatura latinoamericana posterior fue enorme. Suele ponerse como punto de partida la traducción al español de Las palmeras salvajes, hecha por Jorge Luis Borges en 1940. Esta fue en realidad la segunda novela de Faulkner publicada en lengua española, después de Santuario, que había sido traducida en España seis años antes. 

Su influencia resulta especialmente evidente en escritores del boom latinoamericano, entre ellos Gabriel García Márquez , Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes .

García Márquez reconoció públicamente la importancia de Faulkner en su formación literaria. El escritor colombiano encontró en Yoknapatawpha un precedente para construir Macondo, otro territorio ficticio capaz de contener décadas de historia, familias enteras y las contradicciones de una sociedad.

 

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La influencia no fue simplemente temática. La utilización de múltiples voces, la ruptura de la cronología, la memoria colectiva y la convivencia entre realidad y elementos extraordinarios encontraron eco en distintos escritores latinoamericanos.

En Juan Carlos Onetti, especialmente, puede observarse también la construcción de un territorio literario propio, Santa María, que funciona de manera semejante a Yoknapatawpha como escenario recurrente de diferentes historias.

 

Sur, memoria y herida

Una de las grandes virtudes de Faulkner fue comprender que el pasado histórico no desaparece cuando cambian las generaciones. En sus novelas, la Guerra Civil estadounidense, la esclavitud y el racismo continúan actuando décadas después de los acontecimientos. Los personajes heredan culpas, prejuicios, privilegios y traumas que no siempre comprenden completamente.

Por eso sus libros trascienden el paisaje del Mississippi. El sur estadounidense se convierte en una representación de sociedades donde el pasado continúa disputando espacio al presente.

Faulkner tampoco construyó personajes sencillamente buenos o malos. Sus protagonistas suelen estar atrapados entre sus deseos, sus recuerdos, sus códigos sociales y las circunstancias históricas que los rodean.

 

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Entre las letras y el alcohol

La vida personal del escritor tampoco estuvo exenta de dificultades. Faulkner bebía en exceso y atravesó períodos de alcoholismo, aunque logró mantener una extraordinaria productividad literaria.

Se casó dos veces con Estelle Oldham Franklin y tuvo una hija, Jill. Su vida estuvo marcada por períodos de estabilidad alternados con crisis económicas, problemas familiares y episodios relacionados con el alcohol.

En sus últimos años, sin embargo, continuó escribiendo y participando en actividades académicas. Su residencia de Oxford, Mississippi, Rowan Oak, se convirtió en un lugar asociado inseparablemente con su figura.

 

El final de un gigante de la literatura estadounidense

William Faulkner murió el 6 de julio de 1962, a los 64 años, en Byhalia, Mississippi, como consecuencia de un infarto cardíaco. Para entonces había dejado una obra monumental: novelas, cuentos, poesía, ensayos y guiones que transformaron la literatura estadounidense y ejercieron una influencia extraordinaria más allá de las fronteras de su país.

Su literatura no buscó presentar un sur idealizado. Por el contrario, examinó sus contradicciones, sus fantasmas y sus heridas históricas.

La "u" que apareció accidentalmente en su apellido terminó convirtiéndose en una de las letras más famosas de la literatura del siglo XX. Y detrás de ella quedó un escritor que convirtió un pequeño territorio ficticio del Mississippi en un universo capaz de hablarle al mundo entero sobre la memoria, la culpa, la violencia, el amor y la condición humana.

 

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Con información e imágenes de:

Britannica

American Society of Authors and Writers

Mississippi Encyclopedia

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